El día que llegamos a Cork, mientras inspeccionábamos todos los rincones del apartamento por primera vez, tuvimos que calmar nuestra ansiosa exploración en la cocina para contemplar el siguiente artefacto.
Perplejos nos quedamos, como en la película Los dioses deben de estar locos, cuando un miembro de los bosquimanos o !Kung san, una tribu cazadora-recolectora de África, se encuentra una botella de Coca Cola (atentos a mi descubrimiento: cómo enlazar un video de Youtube desde un punto en concreto). Como es evidente, no tienen ni repajolera idea de qué puede ser semejante objeto, y deducen lo más lógico: lo han enviado los dioses. A partir de ahí, la comedia. Las risas. El JA-JA-JA.
Realmente no acabo de saber cómo llamarlo: calienta agua, hervidero de agua, jarra modernuqui aerodinámica, elemento decorativo W... o kettle, según me chiva mi compañero de blog. Como habrán deducido los lectores, siempre a la última en lo que a electrodomésticos se refiere, sirve para calentar cierta cantidad de agua hasta el punto de ebullición (este modelo: 1,7 litros). Resultaba como mínimo irónico que en aquel momento no tuviéramos ni sábanas, ni el frigorífico en marcha, ni enchufe libre para el microondas, ni agua caliente en la ducha, ni radiadores que funcionasen, ni comida, ni la esperanza de sobrevivir hasta el día siguiente... y sin embargo hubiera un puto cacharro que hiciera hervir el agua.
Sin embargo, más de dos meses después, aquel odioso cacharro, tan marginado en la encimera, se ha tornado providencial. Su existencia ha merecido la pena. Debido a las famosas inundaciones, teníamos poco agua, y mucho menos caliente, así que calentándola con el invento este y transportándola en botellas de 7Up al baño pudimos ducharnos de una manera más o menos digna. En realidad, lo importante no fue la calidad de la ducha, sino que ya nos sentimos preparados para sobrevivir incluso en las condiciones más extremas, hasta con los bosquimanos. Siempre que tengamos una kettle de estas, claro, ahora convertida en reina de la cocina.
martes, 24 de noviembre de 2009
domingo, 22 de noviembre de 2009
Génesis, 7:10
En Irlanda empieza a ocurrir lo que en todo el hemisferio norte, si es que la tierra aún no se ha vuelto loca definitivamente: hay menos horas de luz, el día es más gris (más aún) y, sobre todo, llueve bastante más (muchísimo más aún). No he acudido a la ciencia, ni comprobado ningún dato oficial, pero estoy seguro de que la cantidad de agua que ha caído en Cork desde el pasado miércoles podría solucionar varias veces consecutivas todos los problemas hidrológicos del sur de España, incluído el de oír periódicamente estupideces sobre trasvases, insolidaridad y campos de golf. Además, el agradable viento huracanado hacía de los paraguas objetos más inservibles que un chicle para salir de la cárcel (excepto si eres McGyver), la calle estaba tan llena de cadáveres paragüiles que la Rihanna esa habría llorado (¡venganza!, nosotros ya sufrimos su canción). Ya no tengo dedos en las manos para contar las veces que he llegado soaked a clase o a casa (tengo que demostrar de alguna manera que mi inglés va improving, tronkos).
Dijo George Harrison que una vez, después de mil días típicos ingleses, grises y agrios, estaba paseando porsu jardín el jardín de su colega Eric Clapton y comenzó a sentir los cálidos rayos del astro rey (qué guapo queda llamar al sol así). Entonces compuso la maravillosísima Here comes the sun: tierna, alegre, pegadiza, sencilla, directa y mil adjetivos más, y perteneciente a esa categoría de canciones que te transmiten al instante alegría y ganas de vivir. Y eso no es fácil, aunque lo parezca. El viernes amanecimos en Cork cantando esa canción. Llegó el sol. The sun came. Lamentablemente, no pudimos entonar el "it's all right" del final.
Cuando íbamos a la universidad por el camino junto al río Lee (muy aficionado a la literatura él) no supimos atar cabos: las aguas estaban demasiado agitadas y demasiada gente venía en dirección contraria a la nuestra. Como había jubilados quizá pensamos en una comida popular gratuíta o en unas obras con una buena puesta en escena, del gusto de la tercera edad, pero estábamos equivocados. Cerca del puente convertido en canción de Simon & Garfunkel había un muro derribado por un constante torrente de agua, así que no pudimos cruzar. Volvimos para tomar otra ruta más cercana al centro de la ciudad, pero, oh, sorpresa, cuando vimos que la calle que teníamos que utilizar estaba inundada. Entonces nos fuimos enterando de todas las noticias.
Cuando nosotros lo vimos, aún caían cantidades ingentes de agua por el ex-muro. Se barajan los nombres de Pepe Gotera y Otilio para arreglarlo. Lo del fondo es un hospital que también tuvo que ser desalojado.
Nos encontramos con el profesor que impartía la asignatura a la que íbamos y como no podíamos pasar (a no ser que tuviéramos una zodiac en el bolsillo), acordamos suspender la clase. No hacía falta tal acuerdo: las clases ya habían sido oficialmente suspendidas por la universidad. En principio eran sólo para ese día, pero ahora, tras conocer que ha sido la peor inundación de Cork en 30 años, también nos han dejado la siguiente semana sin clase, hasta el 30 de Noviembre. Todavía no he visto fotos de la universidad, y ni me he acercado, pero sabiendo que el río no es que pase cerca, sino que está en el mismo campus, no quiero ni imaginarme como habrá quedado nuestra querida UCC.
Esta es la entrada al Mardyke Arena, el gimnasio de la universidad. No entiendo qué necesidad había de que quedara así, si ya tenía piscina.
El centro de la ciudad se recuperó bastante rápido, cuando yo salí cámara en mano ya estaba más o menos en una situación normal (salvo la típica imagen de telediario, con comerciantes limpiando la tienda o sacando productos completamente empapados), pero las calles principales de Cork a las 8 de la mañana habían estado también bajo las aguas, con bomberos, policía e incluso fuerzas armadas a todo trapo (ah, nada mejor que una catástrofe natural para justificar la existencia de los ejércitos).
Ya en casa, estuve con la cara desencajada pulsando el F5 en la web del Cork City Council, donde colgaban actualizaciones periódicas. Hasta entonces todo esto nos había afectado de una manera indirecta: nuestra residencia seguía intacta, sólo perdíamos una semana de clase (estamos MUY apenados), teníamos calefacción... pero entonces llegaron las malas noticias. Al parecer, la megainundación esta había causado bastantes daños en la planta depuradora de Cork. También tiene cojones, parece un chiste. Se cortó casi todo el agua por miedo a que estuviera contaminada. Sólo quedaba la de reserva de cada casa. En principio era para cuatro días, y ya nos echamos las manos a la cabeza. Ahora los plumillas de la prensa dicen que vamos a estar nada más y nada menos que una semana sin agua. Lo único que se puede decir en ese caso es: WTF? Ahora parece que hay algo de agua (sólo fría), porque han conectado unas reservas especiales, y también han puesto puntos de abastecimiento de emergencia en diversos lugares de la ciudad. Ni que decir tiene que las compañías de agua embotellada están empezando a utilizar el oro como elemento decorativo de sus sedes, sus botellas volaron de los supermercados (como buen conspiranoico, no descarto que ellos provocaran la inundación) y algunos sólo podemos beber maldito 7Up. Y cerveza, claro.
Esto es Grand Parade, una de las calles principales de Cork. En un principio se pensó en importar gondólas desde Venecia. No cuajó en la tradicional sociedad irlandesa.
Pero si todo esto supone, sin duda, una incómoda situación, lo peor de todo el día, lo puto peor, es que algún listo, tonto, desgraciado, borracho o algo peor se llevó mi amada cazadora azul mientras celebrábamos el estado de emergencia en un bar. Pero que sepas una cosa, querido desconocido: si te veo por la calle con mi cazadora puesta te puede ocurrir algo terrible. Palabras clave: semi-vasco, cóctel molotov, kale borroka.
Las fotos las he sacado del álbum que tiene un tal David Hegarty sobre estas inundaciones. Aparte de servir para hacerte una idea de la magnitud de la riada, las imágenes son una maldita pasada, merece la pena darse una vuelta por su Flickr.
Dijo George Harrison que una vez, después de mil días típicos ingleses, grises y agrios, estaba paseando por
Cuando íbamos a la universidad por el camino junto al río Lee (muy aficionado a la literatura él) no supimos atar cabos: las aguas estaban demasiado agitadas y demasiada gente venía en dirección contraria a la nuestra. Como había jubilados quizá pensamos en una comida popular gratuíta o en unas obras con una buena puesta en escena, del gusto de la tercera edad, pero estábamos equivocados. Cerca del puente convertido en canción de Simon & Garfunkel había un muro derribado por un constante torrente de agua, así que no pudimos cruzar. Volvimos para tomar otra ruta más cercana al centro de la ciudad, pero, oh, sorpresa, cuando vimos que la calle que teníamos que utilizar estaba inundada. Entonces nos fuimos enterando de todas las noticias.
Nos encontramos con el profesor que impartía la asignatura a la que íbamos y como no podíamos pasar (a no ser que tuviéramos una zodiac en el bolsillo), acordamos suspender la clase. No hacía falta tal acuerdo: las clases ya habían sido oficialmente suspendidas por la universidad. En principio eran sólo para ese día, pero ahora, tras conocer que ha sido la peor inundación de Cork en 30 años, también nos han dejado la siguiente semana sin clase, hasta el 30 de Noviembre. Todavía no he visto fotos de la universidad, y ni me he acercado, pero sabiendo que el río no es que pase cerca, sino que está en el mismo campus, no quiero ni imaginarme como habrá quedado nuestra querida UCC.
El centro de la ciudad se recuperó bastante rápido, cuando yo salí cámara en mano ya estaba más o menos en una situación normal (salvo la típica imagen de telediario, con comerciantes limpiando la tienda o sacando productos completamente empapados), pero las calles principales de Cork a las 8 de la mañana habían estado también bajo las aguas, con bomberos, policía e incluso fuerzas armadas a todo trapo (ah, nada mejor que una catástrofe natural para justificar la existencia de los ejércitos).
Ya en casa, estuve con la cara desencajada pulsando el F5 en la web del Cork City Council, donde colgaban actualizaciones periódicas. Hasta entonces todo esto nos había afectado de una manera indirecta: nuestra residencia seguía intacta, sólo perdíamos una semana de clase (estamos MUY apenados), teníamos calefacción... pero entonces llegaron las malas noticias. Al parecer, la megainundación esta había causado bastantes daños en la planta depuradora de Cork. También tiene cojones, parece un chiste. Se cortó casi todo el agua por miedo a que estuviera contaminada. Sólo quedaba la de reserva de cada casa. En principio era para cuatro días, y ya nos echamos las manos a la cabeza. Ahora los plumillas de la prensa dicen que vamos a estar nada más y nada menos que una semana sin agua. Lo único que se puede decir en ese caso es: WTF? Ahora parece que hay algo de agua (sólo fría), porque han conectado unas reservas especiales, y también han puesto puntos de abastecimiento de emergencia en diversos lugares de la ciudad. Ni que decir tiene que las compañías de agua embotellada están empezando a utilizar el oro como elemento decorativo de sus sedes, sus botellas volaron de los supermercados (como buen conspiranoico, no descarto que ellos provocaran la inundación) y algunos sólo podemos beber maldito 7Up. Y cerveza, claro.
Pero si todo esto supone, sin duda, una incómoda situación, lo peor de todo el día, lo puto peor, es que algún listo, tonto, desgraciado, borracho o algo peor se llevó mi amada cazadora azul mientras celebrábamos el estado de emergencia en un bar. Pero que sepas una cosa, querido desconocido: si te veo por la calle con mi cazadora puesta te puede ocurrir algo terrible. Palabras clave: semi-vasco, cóctel molotov, kale borroka.
Las fotos las he sacado del álbum que tiene un tal David Hegarty sobre estas inundaciones. Aparte de servir para hacerte una idea de la magnitud de la riada, las imágenes son una maldita pasada, merece la pena darse una vuelta por su Flickr.
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
Wir sind das Volk!

Alemania hoy se ha levantado con resaca. Ayer hubo celebraciones por todo lo alto con motivo de la conmemoración de los 20 años de la caída del muro de Berlín, hecho considerado como el primer paso para la reunificación. Numerosos Jefes de Estado y estadistas (el libro de estilo de Cerveza Amarga no prohibe utilizar palabras vacías de contenido como ésta) se dieron cita en la capital y festejaron el magno acontecimiento. Hermoso discurso de Merkel, Barenboim dirigiendo un concierto, muchísimos ciudadanos, fuegos artificiales, portadas de periódicos, etc. A falta de un oportunista, llegaron dos. Por una parte, Sarkozy nos reveló en su perfil de Facebook que, tras recibir informaciones aquella mañana de 1989 sobre lo que se avecinaba, decidió plantarse frente a la puerta de Brandemburgo y tuvo la ocasión de presenciar el hecho histórico así como de escuchar a ciudadanos que se acercaban y le hablaban de "sus sentimientos, sus ambiciones nuevas y emociones tras décadas de separación de los dos países" (sic). Cosa harto improbable, porque el asunto tuvo bastante de espontáneo y, el hoy presidente francés, era por aquel entonces un mero alcalde. Por otra parte, el ultrasolidario Bono, ser tan coherente como para ir a África a reclamar fondos y, a la vez, decidir cambiar el domicilio fiscal de U2 de Irlanda a Holanda (para pagar menos impuestos), se sumó a la parafernalia.
Los alemanes están orgullosos de la reunificación y de ser un único Estado. Les encanta la idea de la comunidad/Volk. No es algo caprichoso que en las cervecerías los bancos sean corridos y estén pensados para que unos y otros coman y beban juntos. Tampoco es un casualidad que tengan un sistema de copropiedad distinto al del Derecho romano. El Derecho Germánico, cuando dos personas son propietarias de una cosa, no contempla que cada una tenga una cuota o proporción sobre el objeto en cuestión. Los dos responderán de forma común y, en el caso de querer venderla, se necesitará el consentimiento de la otra persona. Por otra parte, los eventos masivos son bastante celebrados (en pocas horas comienza el carnaval en Colonia y se espera que más de 250.000 personas se den cita en el centro de la ciudad). En definitiva, 40 años después de acabar la segunda guerra mundial, podemos hablar de una Nación en la que los de una parte y otra se pueden relacionar.
¿Todo maravilloso?¿La reunificación ha resuelto todo?¿Hay un completa sensación de comunidad/Volk? En absoluto. Cuando has estado 40 años separado (literalmente) de los de al lado y con dos sistemas distintos, las cosas no son tan fáciles como parecen. Más que una reunificación, no es descabellado decir que hubo una anexión de un Estado al otro. La RDA (comunista) se derrumbó y la RFA (bloque occidental) la absorbió. La Constitución es la de la RFA (modificada), y la forma del Estado también. La separación originó dos términos: Ossi (alemanes que vivían en la zona comunista) y Wessi (alemanes que vivían en la zona capitalista). La reunificación no ha conseguido acabar del todo con esa separación. Los primeros, en un ámbito privado, hablan de la familia y los niños. Los segundos, en el mismo ámbito, del trabajo. Los Ossis consideran a los Wessis prepotentes. Los Wessis a los Ossis sumisos.
Parte de los ciudadanos de la Alemania comunista (Ossis) no se sienten identificados con el nuevo Estado, y se ven más como algo anexionado que como otra cosa. Quizás ahora pueden decir lo que piensan, pero antes había trabajo. El problema del desempleo azota actualmente al este. Mano de obra cualificada del estado comunista se tuvo que ir a la calle al haber una reestructuración y el paso de un sistema de economía a otro. Muchos de los que encontraron un nuevo empleo fue en empresas que no tenían nada que ver con lo que ellos habían estudiado. Además, los salarios ahora son escasos y apenas dan para nada. Antes no eran mucho más grandes, pero sí suficientes. No habiendo tantos productos, eran felices. Así, hay una cierta añoranza por los tiempos pasados.

Todo esto quedó reflejado en Goodbye Lenin! Con ella, apareció un nuevo concepto: La Ostalgie. Nostalgia del Este, nostalgia de la Alemania comunista. La película era maravillosa y Yann Tiersen contribuía a ello. Suponía una corriente del cine europeo (otras películas como Amelie también se podrían enmarcar ahí) y el centro izquierda se ensimismó con ella. Había empleo, seguridad, educación y la gente no moría de hambre. Además, era más fácil sentirse identificado con aquella sociedad que con la actual, repleta de McDonalds. Y entonces apareció la pregunta: ¿Y si no se viviese tan mal bajo el comunismo?
La respuesta tardó cuatro años en surgir, pero vino también del cine europeo. En 2007 se estrenó La vida de los otros. Se desarrollaba en la Alemania comunista y mostraba una sociedad asfixiante, con una policía secreta (Stasi) con 100.000 personas que trabajan como agente y otros varios cientos de miles más que colaboran con ella. Todos pueden ser acusados de cualquier delito contra la seguridad del Estado y la arbitrariedad es absoluta. Por si quedaba alguna duda, ese mismo año otra película europea, la rumana cuatro meses, tres semanas y dos días, venía a mostrar cómo era practicar un aborto en ese país cuando aún se encontraba bajo la dictadura comunista. Un mundo sórdido, trámites estúpidos para reservar un hotel, edificios derrumbándose, miedo a ser delatado, riesgo para la salud de la embarazada al ser ilegal, miedo a contarlo ante la familia, desencanto absoluto.
Una vez respondida la pregunta, sólo cabe desear que, cuando se cumplan los 25/30 años de la caída del muro de Berlín, seres como Sarkozy o Bono no intenten copar el protagonismo. Mejor que lo celebren los ciudadanos sin oportunistas de por medio.
Nota Marginal: La añoranza por el tiempo anterior se representaba en Goodbye Lenin! con el bote de pepinillos. Debe ser cosa soviética y de procedencia rusa, porque ayer, haciendo limpieza del frigorífico y tirando cosas que no pertenecían a nadie de los allí presentes al haber sido abandonadas por anteriores inquilinos, apareció un frasco de cristal de Moskauer Gurken (pepinillos de Moscú).
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Tomates Verdes fritos

A los pocos días de llegar a Irlanda, David escribió una entrada en la que explicaba de forma detallada las distintas asociaciones que existían en su universidad de llegada. Tal y como él decía, diversos ámbitos como la farmacia, el ajedrez y el ateísmo (entre otros muchos contrapuestos) se daban cita en una sala enorme para darse publicidad y que nuevas personas entrasen a formar parte de ellas. Actividades absurdas a la par que divertidas como el día internacional de la blasfemia se convertían en algo común. Si comparamos a Colonia con Cork, los alemanes sufren una estrepitosa derrota, demostrando que, en ocasiones, pueden ser tan serios como aburridos. El 12 de octubre, primer día de universidad aquí, permitieron a cada agrupación montar su propio tenderete donde daban información y dulces (esto último más importante que lo anterior) sobre las actividades que organizaban y hacia dónde se enfocaban.
Asociaciones centradas en temas filosóficos (búsqueda de la felicidad), proyección de películas, formación para adolescentes susceptibles de abandonar la universidad, el grupo universitario de gays y lesbianas, etc. Todos con dulces y bolígrafos dispuestos a seducir al gran público. Si de caramelos se tratase, la agrupación de estudiantes islámicos se llevaba la palma al ofrecer unas chocolatinas con cierto sabor a coco. Tampoco estaba nada mal el puesto del equivalente germánico a las Nuevas Generaciones. Qué juventud: jóvenes, cristiano-demócratas y con unas galletitas deliciosas. A este paso, y de forma bastante probable, a los cuarenta años ya habrán conseguido su entrada al Reino de los Cielos. Me dieron chicles y, a cambio, varios panfletos en los que se informaba de próximas reuniones que celebrarían. En comparación con Cork, todo más aburrido y serio, con gran predominancia de otras asociaciones religiosas.
Con las manos llenas de caramelos y bolígrafos, y sin encontrar nada que me interesase lo más mínimo, volví a casa. Cuando me disponía a tirar ya todo a la basura, me dí cuenta de que, entre lo mucho que había cogido, estaba un panfleto de los Verdes. Tienen una asociación en la universidad y yo no me había enterado. Se reunían al día siguiente, como presentación de lo que iba a ser el semestre (aquí la cosa va por semestres que duran cuatro meses. ¿Lógica? Inmanuel Kant, explícamelo). No sé muy bien si fue mi interés en lo relativo a la protección del medio ambiente, si fue mi interés por el mencionado partido, si fue la humedad o qué exactamente, pero el 13 de octubre a las 19.30 estaba sentado en una habitación con otras 20 personas y dispuesto a formar parte de la asociación ecologista.
El que un estudiante erasmus (sólo-se-van-de-casa-para-emborracharse), español (el medio ambiente les es muy indiferente) y con un nivel del idioma bastante mediocre, estuviese rodeado de varios alemanes les creó cierta sorpresa. Pero que el mismo estudiante erasmus, español y con nivel del idioma mediocre volviese a la reunión de la semana siguiente fue ya algo con lo que ya no contaban. Están locos estos hispanos. Y, para resolver las inmensas preguntas que se hicieron, les dije que me interesaba la ecología.
¿Son todos los que van unos malditos perroflautas herderos de mayo del 68? Ninguno de ellos lo es. Hay estudiantes de todas las carreras y tantas mujeres como hombres. Y todos tienen pinta de escuchar a Franz Ferdinand contínuamente. Las reuniones de los verdes son relajadas, en ellas se bebe cerveza (las dos primeras veces me olvidé de comprarla, ayer ya acudí preparado con una bajo el brazo) y la gente lleva galletitas con chocolate y bombones. Pero, si algo les hace estar a la vanguardia, es el comprar bolsas de zanahorias del supermercado y comérselas crudas. ´También el que cada vez que llega alguien nuevo al grupo, hay que hacer una ronda de presentaciones de los componentes en el que también se dan informaciones de carácter tan confidencial como qué verdura es tu favorita.
El próximo 14 de diciembre hay elecciones al claustro escolar en la Universidad de Colonia. Y los Verdes se volverán a presentar. En la anterior ocasión consiguieron un resultado nada desdeñable duplicando su número de representantes. Esta vez acuden con un "proyecto estrella" bajo el brazo: Un panel solar para la Mensa (comedor universitario). Desgraciadamente, mi nivel de idioma no llega al punto de enterarme de todos los detalles de la propuesta fotovoltaica, pero ya se encuentran barajando qué soluciones adoptar para financiarlo. Están avalados por el éxito que tuvieron en las elecciones generales de septiembre, así como lo conseguido por los ecologistas franceses en las elecciones al parlamento europeo de junio, en las que consiguieron ser la tercera fuerza más votada, dejando en ridículo al Partido Socialista de allí (bueno, últimamente ridiculizar a la socialdemocracia no es muy difícil) y logrando un 16,2% de sufragios. Tiembla Sarkozy, tiembla Merkel.
Fotos: La primera mangada por ahí de internet. La segunda mía, chapa de cerveza que aquí se bebe mucho; la Kölsch. Aunque ayer me dí cuenta de que los Verdes no beben de esa marca. Beben Kölsch de otras como Gaffel. Escapa a mi conocimiento el motivo.
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lunes, 19 de octubre de 2009
Mentalidad participativa
Siguiendo un poco con la tónica más costumbrista y puramente descriptiva del blog, voy a escribir un texto que sólo podría clasificarse como TOPICAZO ULTRA-MANIDO de aquellos que narran las peripecias Eramus y los viajes en general. Pero no por ello deja de resultar curioso para un paleto como yo, coño. Pongo lo de "coño" para darle más fuerza a la frase.
Así pues, vamos a ver diferencias culturales entre Irlanda y España en cuanto a las clases. Me refiero a la educación, las aulas, no me saquéis a Marx ahora.
Allá por los primeros días de universidad, acudimos a una reunión de una de las famosas asociaciones, en concreto la de teatro. Explicarían los proyectos para el curso, las obras que se iban a representar, las actividades que se podían desarrollar (además de interpretación hay talleres de sonido, creación de decorados, iluminación...). Primera sorpresa: la reunión se celebraba en un aula enorme, que, encima, se llenó hasta los topes.
Segunda sorpresa: tras una breve representación (que me aspen si entendí algo de lo que decían, era el inglés más infernal que jamás haya circulado por mi sistema auditivo), anunciaron que iban a organizar una pequeña improvisación y que, oh, bondadoso público, iban a necesitar ocho voluntarios. Mis defensas se activaron, así que me hice más líquido (es una habilidad que aprendí a dominar en la escuela de Charles Xavier) y empecé a escurrirme en el asiento por si acaso. Como cuando pregunta el profesor y no le miras a los ojos no sea que te toque la bonoloto.
Pues bien, no había nada que temer. No sólo no me tocó salir de voluntario, sino que aunque me hubiera levantado, hubiera agitado los brazos espasmódicamente y me hubiera puesto a gritar "God save the Queen!!" TAMPOCO HABRÍA PODIDO PARTICIPAR. Mis ojos no daban crédito (¿para qué quieres el dinero? ¿quién te avala? Sí, esto anterior es un chiste), un montón de personas querían subir al estrado, de hecho, bastantes más que los ocho requeridos.
Este es el Student's Centre, un edificio muy chulo del que ya hablaré más. ¿Por qué pongo aquí esta foto? Porque se ve a los jóvenes desenfadados activos y... ¿participativos? ¿Ha colado?
Por un momento me puse a pensar cómo se habrían desarrollado los acontecimientos si se hubiese celebrado esa reunión en España (si es que semejante iniciativa llegase a tener salida, claro), cuánta gente habría acudido, cuántos voluntarios se habrían presentado, cuántos tirones de jersey habrían hecho falta para sacar a la gente de sus asientos, etc. Esta es una labor que, altruistamente, cedo a los lectores, a ver si comenta de una puta vez alguien más aparte de los habituales.
Creo que es algo conocido que en los países de tradición anglosajona (no sé si se escribe junto, separado, con guión o qué coño) la educación, en general, tiende a ser bastante más participativa, no hay miedo de preguntar al profesor (aunque sea la mínima parida), se establece más debate, interacción... frente al "recito mis apuntes y tú los copias como un cosaco" al que estamos acostumbrados en España. Aquí claro que se cogen apuntes, pero una millonésima parte de lo que en España. En cualquier caso, el tema daría para otros cuantos textos de los que, desde luego, no os váis a librar.
Una de esas "Notas marginales": releyendo el texto me veo tan moderado, soso, aburrido y duermeovejas que me entran ganas de borrarlo todo y ponerme a despotricar contra el primer grupo social que odie que se cruce conmigo. Sin embargo, Cerveza Amarga también tiene su lado amable y se limita a lamentar por todo lo alto su ausencia en la manifestacióncontra el aborto en defensa de la vida del pasado sábado en la capital del Reino. Habríamos deseado de todo corazón acompañar al pueblo en su lucha contra la implantación del holocausto uterino obligatorio a los 16 años.
Así pues, vamos a ver diferencias culturales entre Irlanda y España en cuanto a las clases. Me refiero a la educación, las aulas, no me saquéis a Marx ahora.
Allá por los primeros días de universidad, acudimos a una reunión de una de las famosas asociaciones, en concreto la de teatro. Explicarían los proyectos para el curso, las obras que se iban a representar, las actividades que se podían desarrollar (además de interpretación hay talleres de sonido, creación de decorados, iluminación...). Primera sorpresa: la reunión se celebraba en un aula enorme, que, encima, se llenó hasta los topes.
Segunda sorpresa: tras una breve representación (que me aspen si entendí algo de lo que decían, era el inglés más infernal que jamás haya circulado por mi sistema auditivo), anunciaron que iban a organizar una pequeña improvisación y que, oh, bondadoso público, iban a necesitar ocho voluntarios. Mis defensas se activaron, así que me hice más líquido (es una habilidad que aprendí a dominar en la escuela de Charles Xavier) y empecé a escurrirme en el asiento por si acaso. Como cuando pregunta el profesor y no le miras a los ojos no sea que te toque la bonoloto.
Pues bien, no había nada que temer. No sólo no me tocó salir de voluntario, sino que aunque me hubiera levantado, hubiera agitado los brazos espasmódicamente y me hubiera puesto a gritar "God save the Queen!!" TAMPOCO HABRÍA PODIDO PARTICIPAR. Mis ojos no daban crédito (¿para qué quieres el dinero? ¿quién te avala? Sí, esto anterior es un chiste), un montón de personas querían subir al estrado, de hecho, bastantes más que los ocho requeridos.
Este es el Student's Centre, un edificio muy chulo del que ya hablaré más. ¿Por qué pongo aquí esta foto? Porque se ve a los jóvenes desenfadados activos y... ¿participativos? ¿Ha colado?Por un momento me puse a pensar cómo se habrían desarrollado los acontecimientos si se hubiese celebrado esa reunión en España (si es que semejante iniciativa llegase a tener salida, claro), cuánta gente habría acudido, cuántos voluntarios se habrían presentado, cuántos tirones de jersey habrían hecho falta para sacar a la gente de sus asientos, etc. Esta es una labor que, altruistamente, cedo a los lectores, a ver si comenta de una puta vez alguien más aparte de los habituales.
Creo que es algo conocido que en los países de tradición anglosajona (no sé si se escribe junto, separado, con guión o qué coño) la educación, en general, tiende a ser bastante más participativa, no hay miedo de preguntar al profesor (aunque sea la mínima parida), se establece más debate, interacción... frente al "recito mis apuntes y tú los copias como un cosaco" al que estamos acostumbrados en España. Aquí claro que se cogen apuntes, pero una millonésima parte de lo que en España. En cualquier caso, el tema daría para otros cuantos textos de los que, desde luego, no os váis a librar.
Una de esas "Notas marginales": releyendo el texto me veo tan moderado, soso, aburrido y duermeovejas que me entran ganas de borrarlo todo y ponerme a despotricar contra el primer grupo social que odie que se cruce conmigo. Sin embargo, Cerveza Amarga también tiene su lado amable y se limita a lamentar por todo lo alto su ausencia en la manifestación
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viernes, 16 de octubre de 2009
Yo no me inmuto
Colonia tiene una vida cultural de bastante nivel. Aquí se encuentra un conservatorio que atrae a mucha gente. Además, la oferta de eventos es suficientemente amplia. Grupos de gran importancia que presentan álbum hacen escala aquí, y otros más pequeños también la tienen en consideración. Tras babear al ver lo que musicalmente se avecinaba, decidí comprar una entrada para The XX, a los que había escuchado por encima. El precio no era desorbitado, más aún si tenemos en cuenta que la crítica ha recibido su primer y, hasta el momento, único álbum con calificativos como "uno de los discos de la década". Otras publicaciones como el Ep3 (en mi casa cumple una función bastante útil; absorbente cada vez que cae agua al suelo. No hay por donde cogerlo si no es para eso) le han otorgado 4 estrellas y media sobre cinco. En cualquier caso, ir a ver cómo sonaban permitía huir por unas pocas horas de la terrible vida alcohólica del erasmus.
De esta ciudad, en comparación con Valladolid, llama la atención la numerosa cantidad de salas privadas que traen a grupos y organizan conciertos. El Luxor, sitio donde se celebró éste, es uno de ellos, y la acústica es muy digna. Antes de que The XX saliese al escenario actuaron unos teloneros: Holly Miranda. Desprendían un cierto tufillo Russian Red. Una vez que uno se convencía de que ni Cigarettes ni la de Hagend Dagsz iban a aparecer por el repertorio, acababan siendo buenos. Eran tan folkies como ingenuos, pero me gustaron. Quizás porque tenían un leve toque eléctrico al que ni Lourdes, ni Annie B. Sweet han llegado aún.
El público en los conciertos resume la impresión que uno se lleva de los alemanes cuando lleva aquí casi un mes. Pueden ser civilizados, votar a los verdes, comer yogures, salchichas y beber cerveza amarga, sí. Sin embargo, no son nada freundlich. Se dice que llegar a ser amigo de un alemán cuesta seis meses y mucha paciencia. Sea verdad o no, lo cierto es que se guían por la filosofía de: YO no me inmuto. En su vertiente activa y pasiva. En lo activo porque en las discotecas te pueden empujar hasta acabar contigo y no tener la mínima deferencia para pedirte perdón por su comportamiento
En lo pasivo porque tampoco se inmutan cuando resultan perjudicados. Les da igual que el metro sufra un retraso de 20 minutos y que ello trastoque sus planes. Esperan pacientemente y no montan en cólera (algo que sí sucedería en España, donde señoras que sobrepasan los cincuenta reñirían al conductor). Lo mismo pasa cuando la guía de una visita turísitica está explicando algo en plena calle y un hombre se pone a pedir tocando el violoncello. El músico seguirá a lo suyo y la guía también. Y si la música interfiere en las explicaciones, o las explicaciones en la música, da igual. ¿Padecen una cierta carencia emotiva?¿Tiene ello cierta base física? Ni idea.
De esta manera, sufrí su filosofía en el concierto. Ví a los teloneros desde una posición cómoda y cercana al escenario. Una tercera fila o algo así. Todo hasta que The XX empezó a tocar, entonces varios armarios me fueron apartando de mi sitio privilegiado. No se inmutaron por ello. Y el calvo gafapasta que se me colocó delante, contribuyó a darle el toque modelno a la noche. Aunque de no haber sido él, todos los que estaban a mi alrededor podrían haberle sustituído perfectamente en tal función. El grupo estuvo a la altura de las circunstancias y se colgó el cartel de no hay billetes (también lo habían logrado en Hamburgo, anterior parada). Lo más conocido, Crystalised, fue de lo primero en sonar. Pero los 50 minutos que estuvieron sobre el escenario parecieron escasos. En cualquier caso, Colonia debe ser de las pocas ciudades por donde Vestusta Morla y Russian Red todavía no han pasado. Eso la hace mucho más interesante aún.
Fotos: Las he hecho en el concierto. Las gafas de pasta de la segunda pertenecen al mencionado calvo modelno con camisa de H&M. How cool.
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domingo, 11 de octubre de 2009
El Putzplan

El fin justifica los medios - Máxima jesuita.
El día uno de octubre, hasta hace poco día del Caudillo, la vida en mi piso alemán gestionado por la Universidad de Colonia cambió completamente. Hasta entonces convivía bajo el mismo techo con un ruso, una húngara y un chino. Ninguno de ellos pasaba demasiado tiempo por la casa, por lo que prácticamente (con la excepción de una fiesta), no hicimos demasiada vida común. Las tareas comunes se regían por la teoría de la mano invisible, es decir, quien manchaba recogía. El resultado era el de cualquier piso de estudiantes que se precie. Ni más limpio, ni más sucio.
El día uno de octubre la húngara y el chino dejaron la casa al acabárseles el contrato. En su sustitución entraron una francesa y una alemana de 18 años que ya se conocían de antemano. Todo cambió. Pasamos de la mano invisible a la planificación de las tareas comunes. Ellas tomaron el poder y se instaló una especie de dictadura / régimen autoritario con vocación de permanencia, a juzgar por sus comentarios. Su ideología se resume fácilmente; todo tiene que relucir como si fuese nuevo. Así, Don Limpio fue equiparado al Gran Hermano orwelliano, un líder capaz de infundir confianza a la par que miedo.
Lo primero que buscan todas las dictaduras es intentar legitimar su poder. Su comienzo no fue una excepción. Basándose en que se conocían previamente y que se iban a quedar aquí dos años, empezó su particular revolución de la limpieza. En ella, palabras como pirólisis forman parte del vocabulario cotidiano o productos químicos comercializados con frases como "elegido por los consumidores alemanes como producto del año 2009" (hay miles así), están omnipresentes. Desde que ellas llegaron, en Cillit Bang se frotan las manos.
Nada más asumido el poder, todo régimen autoritario suele dictar una Norma Fundamental que ordene el funcionamiento de la sociedad. Y ellas lo hicieron. Redactaron un putzplan (plan de limpieza) con el que nos regiríamos desde ese momento. Obviamente, como en toda dictadura que se precie, esa norma peca de arbitraria y destaca por no contar con la aprobación de aquellas personas a las que se les va a someter. Se pretende con ello conseguir un fin último; en su caso, la limpieza. Esa Constitución que rige el funcionamiento de la Hahnenstraße 19, prevé cualquier intervención para lograrlo. Y si se tiene que pasar la aspiradora a horas tan inconvenientes como las 00:15 de un viernes, cuando la Humanidad está de fiesta o descansando, se pasa. C´est la vie.

Los regímenes autoritarios se inspiran en elementos nacionalistas para su política, considerando que el espacio físico del que disponen es escaso. Se encuentran disconformes con él y quieren más. Por eso invaden o, al menos, anhelan otros. Polonia puede dar buena fe de ello. Ellas también quieren su propio Lebensraum, que en este caso consiste en el cuarto de baño. Fue colonizado por sus champús, le cambiaron la taza al váter y, en la repisa del lavabo, colocaron flores (sí, han leído bien). Y, una vez okupado, el siguiente paso es echar a todo aquel se encuentre allí, pese a que llegó antes o le pilla más cerca. Se le sugiere abiertamente que se vaya al otro. Luego llegan los guetos, pero ahí aún no hemos llegado. Quizás para noviembre...
Los regímenes autoritarios necestian un enemigo. Alguien a quien echarle la culpa de todos los males o de parte de ellos. Cuba tiene a EE.UU, la Hespaña de Franco tenía a los comunistas y judeomasones y ellas al otro inquilino, al ruso. Definitivamente, Rusia nunca jugó el papel de bueno en la historia mundial. Aquí se le acusa del más grave delito; manchar. Y, como en el mundo orwelliano de 1984, cada día hay dos minutos de odio, en el que se dirigen toda clase de infamias contra el enemigo. Dejándole de lado, yo soy observado con cierta suspicacia aunque mantienen conmigo una buena relación e intentan que participe en su putzplan ofreciéndome helado de vainilla regado con crema de arándanos. La limpieza justifica los medios.
Nota Marginal de esas: No me molesta excesivamente que organicen fiestas en las que sólo se habla francés, tampoco que escuchen a David Guetta, ni que vayan a traer en los próximos días un conejito. Pero lo que no puedo soportar es que uno de sus amigos, que se tira todo el día en el salón, sea igual que Jean Paul Sartre. Me cago en el existencialismo.
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