jueves, 21 de enero de 2010

LA SOCIEDAD DEL SUPERMERCADO. CAPÍTULO I Eroski logra el socialismo.


Jerzy Buzek es un señor polaco de 69 años con pelo blanco y que, inicialmente, fue ingeniero químico de profesión. Probó el chocolate por pimera vez al finalizar la II Guerra Mundial, cuando un soldado se lo ofreció. Tuvo el privilegio de estudiar en Cambridge y de allí se llevó varios libros que en su país estaban prohibidos. Actualmente es presidente del Parlamento Europeo. Según lo que él y cualquier persona de su nacionalidad afirman, la Iglesia católica jugó un papel importantísimo, no sólo para liberar a su país de la dictadura comunista a la que estaba sometida, sino también a la hora de aglutinar a las masas y dar una sensación de movilización y unidad social.

Unos cuantos kilómetros más al sudoeste, en Francia, la escuela cumple una función educativa y, además, se pretende que cumpla un objetivo como es el de la mezcla de clases y que ello contribuya a un sentimiento de pertenencia a una sociedad. Para realizar este propósito hay un mapa escolar que obliga a los alumnos a inscribirse en los colegios más próximos a sus casas. Ciertos sectores del Partido Socialista Francés ven en esa carta la plasmación de varios principios republicanos y a cada mención de reforma de la misma, ponen el grito en el cielo.

Extrapolando estos dos elementos aglutinadores sociales (iglesia y escuela) al barrio donde vivo de Valladolid, podemos proclamar el más absoluto fracaso de ambos. Ya desde un punto de vista estético supone la parroquia un atentado contra la dignidad (idea con bastante influencia del cristianismo, por cierto). Si observamos quién va a las misas, comprobaremos que la edad media es alta tirando a muy alta, pese a que mi estimada abuela pretenda convencerme diciéndome: "si está llena de guajes como tú, fíu" (eso en teoría es bable). Que la juventud española no es la polaca, para bien o para mal, es algo que he aprendido tras varios meses de erasmus en Colonia con varios amigos de allí.

El papel de la escuela republicana francesa de fraternité, igualité y de mezcla de clases tampoco se cumple en mi barrio completamente. En el instituto público al que fuí coincidíamos todos, sí. Pero sólo los que íbamos allí. Hubo padres que o bien porque confiaban en que su hijo estaría más cerca de Dios si lo llevaban a los Hermanos Maristas, o bien porque simplemente no querían que se juntase con gitanos, huyeron de la educación pública. Obviamente, a nadie con un mínimo sentido común, se le ocurriría pensar que la forma en que se impartía la materia o el contenido mismo de lo explicado, iba a ser mejor en los Maristas que en otro sitio.

Fracasadas dos Instituciones como Iglesia y Escuela en lo relativo al aglutamiento y unidad social, cabe acudir pues al Estado. No, olvídese, mejor no. Construyeron un centro cívico pero el ayuntamiento no tiene dinero para abrirlo. Mala suerte, otra vez será. ¿Qué me dice, amigo, de las asociaciones de vecinos? Bueno, es cierto, son voluntariosas, pero organizan fiestas y muy poca gente va (el folklore castellano y yo nos llevamos francamente mal). Nadie se atreve a sacar el orgullo de barrio.




Y sin embargo...¿Podemos decir que es un barrio desangelado, donde no hay un maldito punto común o algo por el estilo, donde a los que viven allí no les une absolutamente ninguna institución clásica de las ya mencionadas? Pues no. Podemos hacer referencia a las pistas de fútbol y baloncesto, pero el verdadero centro neurálgico lo decidieron unos empresarios. Y, para demostrar que los vascos nacen donde quieren, los señores gestores de Eroski-Consumer (antes eran algo similar, ahora no sé. El libro de estilo de Cerveza Amarga prohibe investigar durante más de cinco minutos) decidieron ubicar hace unos seis años el único supermercado de la zona no en un sitio cualquiera, sino nada más ni nada menos que junto al edificio de la iglesia que, como ya he comentado, lesiona la muy cristiana Dignidad, la vista y el orden estético. De tal forma que los feligreses pueden ir a misa el sábado, aparcar el coche en el parking del establecimiento y de paso hacer la compra para toda la semana. Religión y capitalismo nunca se llevaron tan bien.

No contentos con hacer que el supermercado fuera el centro del barrio, el lugar donde confluímos todos, el verdadero y único elemento algutinador, los señores de Eroski-Consumer se dedicaron a repartir platos de cerámica durante las primeras semanas tras su inauguración. Todo a modo de promoción. ¿Qué consiguieron? Que TODOS los de la zona, cualquiera su clase social (alta, media o baja), gitanos o no gitanos, inmigrantes o de donde fuesen, acabásemos con el mismo modelo de plato entre las estanterías de nuestro hogar: de barro, pintado de blanco y con adornos azules. Por eso, si usted acude a cualquier casa de Huerta del Rey, verá que todos tenemos la misma vajilla.

En realidad, lo que Eroski-Consumer consiguió fue algo muy distinto. Lograron algo que ni siquiera se habían planteado: uno de los principios del socialismo más puro y duro, la homogeneización social y sensación de grupo a través del supermercado y de la vajilla. Y el capitalismo y la cerámica, unidos por una empresa vasca, realizaron lo que ni la Iglesia, ni la Escuela, ni el Estado, ni las asociaciones de vecinos ni nadie había logrado hasta ese momento.

Nota Marginal: Llegará la segunda parte, pero pedimos paciencia porque son malas fechas y a veces nos toca hasta estudiar. Sí, sí, yo también lo encuentro indignante, no hace falta que me lo digan.
Fotos: Un señor de pelo blanco, también polaco, pero que no es Jerzy Buzek. En la segunda foto, vajilla como la de Eroski pero que no es la de Eroski.

viernes, 8 de enero de 2010

Puñalada trapera (II): Irlanda católica

Terminamos con esta traición a Irlanda por la espalda, no porque ya sólo queden cosas buenas que comentar, sino porque mañana vuelvo allí (si las nieves y los aeropuertos lo permiten, que la cosa tiene mala pinta), y está muy feo eso de ir a casa de alguien e insultarle. Muy feo y muy caro, según parece.

Resulta que Irlanda es uno de los países más hiperultramegamastercatólicos del mundo, quizá por detrás de Polonia (país del que sabe jugosas anécdotas el compañero Vázquez). Pero no voy a engañar al avispado lector. Podría realmente buscar esa Irlanda que me esperaba, podría forzar la historia, decir que me obligan a ir a misa, que rezamos antes de las clases, que religión me computa para la nota final... pero no sería cierto. Debo admitir que, al contrario que en la entrada anterior, no he visto nada excepcionalmente anormal que no haya visto en España, quizá porque no me gusta frecuentar esos ambientes: muchas calles con nombre de santos, muchas iglesias, crucecitas y blabla. Lo más remarcable quizá sea que en el propio campus de la universidad haya una iglesia (en la que, como es natural, se celebran bodas y esos actos de los que gustan los católicos), y aún así como anécdota es bastante pobre, ya que me he enterado de que hasta la Universidad de Burgos tiene servicios religiosos.

En este momento el lector estará desolado: se esperaba una cuantiosa descarga de adrenalina, unos insultos más o menos irónicos, ataques inteligentes... y se encuentra con un coñazo de tio que no ha visto - no ha sabido ver- la ultrareligiosidad de Irlanda y que encima no se atreve a cruzar la delicada frontera de lo politicamente incorrecto. ¡No nos aburras, pesao!

Lector medio a estas alturas de texto. ¡Y lo que queda por debajo!

No pasa nada, si en el trabajo de campo no hemos encontrado evidencias sólo hace falta saltar de nivel. Si nos centramos en lo político, o más concretamente, lo legislativo, sí que podemos encontrar material bastante descacharrante derivado de nuestro querido catolicismo. Me pregunto cuánta gente se habrá borrado al leer la palabra "político". Sigamos.

Para empezar, el divorcio es legal en Irlanda sólo desde 1996. En efecto, hasta a España llegó antes (para disfrute de Álvarez-Cascos), y eso que son una "democracia" desde hace bastantes más años. Para seguir, el aborto es ilegalérrimo, no quieren ni oír hablar de ello. Creo que hay algún caso muy muy muy muy pero que muy excepcional en el que el aborto está contemplado, pero me imagino que tendrá que ver con alineación de planetas o eclipses imposibles. Resulta curioso que cuando se votaba el ya comentado referéndum para aceptar o no el Tratado de Lisboa, Irlanda estaba especialmente preocupada porque temía que las normas comunitarias le obligaran de alguna manera a aceptar el aborto (que no sé si es común en toda la Unión Europea). En cualquier caso, el referéndum salió no, y para que accedieran a realizar la segunda consulta presionaron bastante para que les dejaran a) mantener un delegado suyo nosedonde (hasta aquí llega mi información) y b) mantener sus propias leyes sobre el aborto. Y la UE aceptó estas exigencias, ojo. Esto lo sé no porque me haya documentado, que ya conté que en este blog jamás nadie lo hace, sino porque me dieron un panfleto a favor del SÍ en el que lo explicaban. Me hizo gracia el tono del texto en cuestión: "¡Tranquilos! Votar SÍ al Tratado de Lisboa no significa votar SÍ al aborto!". Y ganó el SÍ, como todos saben, y el aborto siguió prohibido y las hijas de padres acaudalados tuvieron que irse a Londres, como en tiempos de Paco.

Ingeniosa viñeta que nos recuerda que la iglesia católica irlandesa también ha tenido ciertos "problemillas" relacionados con la pederastia.

Pero lo realmente divertido ha llegado este año, el mismo uno de enero de 2010. Resulta que ha entrado en vigor una nueva ley que convierte la blasfemia en delito. Hasta 25.000 euros por blasfemar, dice El País en ese enlace (de ahí lo de "caro" que comentaba en el primer párrafo). Tranquilos, no corran a mirar su calendario, seguimos en el S.XXI (lo cual, visto cómo está el mundo, no significa gran cosa). Se acabó el gritar "¡Me cago en Dios!" o "¡Jesús, cobarde, gallina, capitán de la sardina!". En realidad, si lo piensas bien, es una ley absurda, ya que absolutamente todos son blasfemos en uno u otro sentido: el católico para el musulmán por por no pensar que Mahoma es su profeta, el musulmán para el católico por no admirar al Papa como máximo exponente de Dios en la tierra, y yo para todos por no creer en historias fantásticas excepto en las de Roald Dahl. Y así sucesivamente. Afortunadamente, hay gente sensata en la isla, como los de Atheist Ireland, que han denunciado la estupidez de esta ley y se han atrevido a hacer lo que yo todavía no he hecho en este texto, es decir, transgredir y provocar, publicando 25 citas blasfemas de diferentes personas (entre ellas, Jesuscristo y Mahoma, cielos). Había pensado que sería genial cerrar el texto con unas palabras de la pesada de Björk que terminan con un contundente "fuck the Buddhists", pero he reflexionado y creo que, para no romper este tono de aburrida corrección política, será mejor concluír con Salman Rushdie, el resto que los lean los lectores por su cuenta.

“The idea of the sacred is quite simply one of the most conservative notions in any culture, because it seeks to turn other ideas – uncertainty, progress, change – into crimes.”

Nota. A partir de mañana, si todo va bien, volveré a estar en Cork, así que se dan por concluídas las "blasfemias contra Irlanda". Si algún irlandés pregunta, no he sido yo.

lunes, 4 de enero de 2010

Puñalada trapera (I): Irlanda irlandesa

Ya en España, habiendo superado la letal mezcla que conforman el turrón, las comidas copiosas, el cava y el Almax (de ahí mi nisesabeava ausencia), me propongo hacer un ejercicio de abstracción afectivo-sentimental, estando en la distancia, para analizar de una forma más crítica y objetiva ciertos aspectos del país en el que he estado 3 meses (y volveré a estar otros cuasi-seis), Irlanda. Lo que, traducido, y fiel a la tradición de este blog, significa que voy a aprovechar que no estoy allí para ponerles a caldo desde mi cálida habitación ibérica. Eso sí, en cuanto pise de nuevo el aeropuerto de Cork forzaré mi más ensayada sonrisa y no veré el momento de pedir otra Guinness. Me gustaría centrarme en un par de los aspectos que más me chirrían de la Isla Esmeralda, que es como muchos la llaman sin darse cuenta de que parece que se refieren una pantalla de Pokemon.

En primer lugar, Irlanda es un país eminentemente nacionalista. O sea, son irlandeses, pero irlandeses, irlandeses, irlandeses. Y están orgullosos de ello hasta límites insospechados. Tienes continuamente señales que te lo recuerdan: los pubs, la música, los mitos, los monumentos, los deportes, las materias en la universidad... incluso la campaña publicitaria del Dunnes Stores, una cadena de centros comerciales, reza: "The difference is... we're Irish", en clara contraposición a Tesco, otra firma británica. Y precisamente este ejemplo puede extrapolarse para comprender qué es lo que en realidad pasa, ni más ni menos: Irlanda es un lugar que ha sido durante siglos, literalmente, el patio trasero del Reino Unido, y su cultura milenaria (y no es una exageración esto de milenaria), ha sido pisoteada, humillada, ignorada, vilipendiada, eteceada, con tan sistemática eficacia que algunos que yo me sé se lo pensarían dos veces a la hora de utilizar la palabra "opresión".


Llevo un rato fascinado con el descubrimiento de esta imagen. Ansío volver para que alguien me la explique. Clic para ampliar.

Esto, lamentablemente, me crea un grave conflicto interno, ya que, por una parte, no puedo evitar sentir simpatía por ellos y su "nacionalismo como forma de resistencia", resistencia a un enemigo que por cierto aún sigue ahí en el Norte. Además, me parece estupendo que se haya conseguido resurgir o mantener una cultura (todas son valiosas, salvo las excepciones que en este blog se indiquen, y no en otro lugar): la música tradicional está en todas partes y gusta, los deportes autóctonos (futbol gaélico y hurling) son, con diferencia, los más seguidos, todos los jóvenes estudian el idioma Irlandés desde pequeños, aunque luego no se hable tanto (un poco como pasa con el Euskera). Y así. Por otra parte, como es sabido, todo nacionalismo me causa sarpullidos; cualquier patriotismo, por muy "defensivo" y "lógico" que sea, me provoca unas ganas irrefrenables de vomitar, ya que no dejan de parecerme algo cañí, cerrado e intolerante. En resumen, al final me satura un poco ver tanta Irishness por ahí, te acabas hartando de tanto mito celta, tanto Leprechaun de los cojones, tanto trébol y tanto arpa.


Un "¿Sabías que...?" en toda regla: Guinness tenía registrado el diseño del arpa, así que en las monedas tuvo que utilizarse al revés. Curioso. Nos lo dijeron en la fábrica de cerveza. Autobombo, claro.

Afortunadamente, todo este asunto me ha creado un par de anécdotas como mínimo curiosas, y que pueden llegar al extremo de hilarantes, según la sensibilidad y el sentido del humor del lector hacia los temas de los que hablamos.

Una noche, un chavalín de no más de 15 años, que estaba practicando skateboard en la calle mientras bebía vodka con sus colegas, se mostró realmente agradecido cuando supo que éramos españoles, ya que les "habíamos defenido al luchar contra el ejército inglés". Yo no sabía ni de qué cojones hablaba (una vez más, fiel al libro de estilo del blog, no he considerado necesario documentarme), pero debía de ser algo de hace tiempo, porque hablaba de flotas, armadas y rollos de esos que le molan al Pérez-Reverte (si algún lector lo sabe que lo apunte). En cualquier caso, yo pensé que me importaba una mierda, porque ni yo estaba en esa batalla, ni él entre los rescatados, así que no había deuda alguna.

Otra noche, yo le solté a un chico precisamente todo este rollo anterior del exceso de nacionalismo, incluído lo de que en parte me parecía lógico porque han estado mucho tiempo a la sombra del Reino Unido y blablabla. Él me contestó que no sólo eso, sino que todavía seguían a la sombra del Reino Unido, y para que yo lo comprendiera mejor, me aseguró: "un poco como Cantalunya con España".

Finalmente, otra tarde en un pub, un hombre considerablemente borracho empezó explicándonos las provincias de Irlanda y acabó preguntándonos por Franco y cantando el himno nacional español (el de ahora). Ya pensábamos lo peor, cuando nos soltó de repente que él era anarquista, socialista y comunista (curioso refrito), y empezó a proferir insultos hacia nuestro antiguo caudillo. Pero lo mejor estaba por llegar, cuando, su colega, igual de borracho, me preguntó que de dónde era. Yo le dije que de Burgos, "un sitio entre Madrid y el País Vasco". El tío se emocionó con lo último y le tuve que confesar que había pasado casi toda mi vida en el País Vasco. Acto seguido, soltó la pinta de cerveza, irguió la espalda, me extendió la mano (yo le correspondí con la mía), aclaró la voz y dijo: "Encantado. Queréis la libertad, como nosotros".

Como el lector habrá deducido, verme identificado con semejante maraña de sentimientos nacionalistas de todos los colores me causó graves problemas psicológicos y de identidad, por lo que, para demostrar que no nos casamos con ninguno y, por supuesto, también a modo de terapia, añadiré una última apreciación sobre ellos: QUE LES DEN POR CULO A TODOS.

Nota: mañana (o algo más tarde) llegará la parte 2, dedicada a un asunto tan interesante como la religión. Esto promete, amigos.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Caspa radioactiva


El miércoles, tras varios meses fuera de casa por los respectivos erasmus, David y yo nos reencontramos y nos dedicamos a hablar de la religiosidad polaca, de la universidad, de viajes que no realizaremos nunca pero que nos gusta planificar, de un cheque cultural que da el gobierno de Patxi López o de cómo fracasamos en los idiomas. Vinimos a cumplir lo que son las Navidades cuando estás fuera; volver a estar con gente que hace un cierto tiempo que no ves.

En ese grupo de gente podemos incluir a la familia, esa parte más cercana a cada uno, que es capaz de llamarte un viernes a las 00 al móvil de Alemania porque el que escribe estas líneas lleva sin dar señales de vida una semana y les interesa saber si, al menos, aún sigues con vida. Además de cariño, comprensión y comunicación, la familia también es capaz de proporcionarte otras cosas que, de no ser por ellos, serían inalcanzables. No hablo sólo de la educación o de la posibilidad de comer pescado tras verme durante tres meses prácticamente privado de ello. Me refiero también al acceso a determinadas perversiones que mi estimada abuela me permite, como leer la más fascinante revista del panorama nacional: el ¡Hola!.

Cabe preguntarse cómo una persona octogenaria como mi abuela, que ha sobrevivido a una guerra civil y una postguerra y cree firmemente en Dios, pueda desarrollar una confianza tan grande en la prensa rosa. También cabe preguntarse cómo yo, que ni he sobrevivido ni creo en nada, puedo sentir una atracción tan grande por el ¡Hola!. Puede ser el mundo casposo, pseudoelitista y superficial que muestra lo que me hace Navidad tras Navidad (cuando aparece bajo el brazo de mi abuela) hojearlo de forma obsesiva. Puede también que sea la forma en que está escrito, con un lenguaje meloso y falso. No es descartable que lo que me enganche sea la frivolidad que desprende. En cualquier caso, me plantearía seriamente si me doy asco, si no fuera porque hay gente que ve series como Física o Química o escucha El canto del loco con absoluta devoción.



Como eje principal de la publicación está nuestra querida Familia Real. Todo gira entorno a Letizia. Princesa cercana al pueblo y sensible cuando corresponde. En otras ocasiones, sólo para alabar su forma de vestir y hacer de ello algo principal, adornado con adjetivos como "moderno" o "veraniego". Por supuesto, cuando habla de ella, no se dice que pueda tener problemas de peso (¿anorexia?), cosa que la prensa europea trata con normalidad al mencionarla o que mis compañeras de piso (Francesa&Alemana) me preguntaron en una ocasión.

Obviamente, que los royals jueguen un papel importante, no deja de lado a otros famosos. Son estupendas las entrevistas en las que alguien se sincera, al estar todas guiadas por el mismo principio: cuanto mayor sea el dinero que el entrevistado recibe, mayor será su sinceridad. Que la relación entre verdad y dinero es directamente proporcional, es algo que aprendes con el ¡Hola!. Por si quedaba poco claro su papel formativo, hay que mencionar también su importante rol a la hora de permitir conocer ciertas celebraciones elitistas y con contenido altamente machista como las puestas de largo. Sirven para presentar a la sociedad (sic) a una chica (de familia bien, claro) y mostrar que ella ya está en edad casadera. La fulana en cuestión posa con varios vestidos y se le hacen preguntas no excesivamente elevadas tipo: ¿Tienes novio?¿Qué piensas ser en el futuro?

El ¡Hola! era hasta el momento completamente en color salvo un par de hojas. Eran las páginas de sociedad y en ellas aparecía lo más tradicional y putrefacto de la sociedad española. Señoras sexagenarias (mujeres de) que montaban un mercadillo benéfico, bodas de empresarios, presentaciones de nuevos comercios, bautizos de familias poderosas. Todas esas noticias sociales tenían un punto común: se trataba de personas que pagaban por aparecer demostrando opulencia y poderío, lo cual, junto al blanco y negro de la sección, venía a dar una plena sensación de que efectivamente estábamos ante lo más rancio del país. Representaba un quiero-y-no-puedo. Por eso, a poco alto que fuese el nivel de hijoputismo del lector, encontraba aquello como la mejor parte de la revista y se regodeaba en la mediocridad de los que salían allí. Todo eso fue hasta hace poco, que decidieron, al fin, colorearlo dando de esta forma un cierto toque de modernidad y legitimidad a toda la caspa que se exhibía. Craso error, los que leemos y disfrutamos la revista por pura perversión no nos merecemos algo así.

Fotos: La primera corresponde al escritor del que David se compró un libro con el cheque de Patxi y que ha escrito los relatos que estoy leyendo ahora. We love Anagrama. La segunda imagen corresponde a un número especial que el ¡Hola! dedicó a los gorilas.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Historias de la Hahnenstrasse: La magnitud de la tragedia


Las experiencias infantiles condicionan, hasta un punto superior al que cualquiera imaginaría, la posterior existencia y desarrollo del individuo. Echando la vista atrás, mi Señora Madre, por razones que desconozco, siempre me privó de esa crema llamada Nutella. Especulando, podríamos decir que fue porque me conocía bien y sabía que, de comprarla, duraría poco. Tuve así que limitarme a sólo poder comerla en los cumpleaños a los que era invitado. Allí, untada en pan de sandwich, el objeto de mi deseo se plasmaba en algo real, tangible y comestible.

La emancipación del erasmus no significó para mí poner lavadoras o preparar comida y cena día sí, día también. El verdadero elemento rupturista vino con una de las primeras visitas al supermercado, en la que, infringiendo la que hasta ese momento había sido doctrina materna (nutella NO), sucumbí a los cantos de sirena del frasco marrón y lo incluí en la cesta de la compra. Toda una actitud de rebeldía a 2.000 km de mi casa, como se puede comprobar. Lo poco que duró el tarro, expliquémoslo por la represión sufrida en la infancia, vino a dar la razón a mi madre sobre la poca conveniencia de caer en ello. Conclusión, no ha vuelto a aparecer en las estanterías de mi casa alemana.

Dejando de lado mis problemas con la Nutella, mis compañeras de piso (Francesa&Alemana) han conseguido hacer de ella el verdadero orgullo de la casa. ¿Cómo? Fácil, tienen un bote de 5kg de la preciada crema. Si usted estaba orgulloso del suyo de 750g, admita su derrota. Cada persona que llega a la Hahnenstrasse 19 se queda maravillada ante el frasco. Y todos formulan una serie de Frequently Asked Questions (FAQ) tipo: ¿Hay de verdad algo en su interior?¿Es verdad que caduca en marzo de 2010 y que se la tienen que comer antes de esa fecha?,¿De dónde lo sacaron?



El bote de Nutella de los cinco kgs, motivo de orgullo como ya he dicho, estuvo cerca de convertirse en un motivo de vergüenza y burla: Su tapa se quedó encasquillada y no se podía abrir cuando todavía quedaba más de la mitad de su contenido en su interior. Un precioso tarro de plástico inútil. La alemana, propietaria, se portó conforme a lo que los cánones de su nacionalidad dictan. Es decir, no se inmutó. Igual que se vayan a la basura más de 2,5kgs de la crema en cuestión.

La francesa, copropietaria, nos pidió ayuda al ruso y a mí, que rápidamente demostramos nuestra debilidad e incapacidad para desatascar la tapa. Fue entonces cuando hizo lo mejor saber hacer los franceses: protestar. No se resignó, e intentó una y otra vez desencasquillarla ¡Allons enfants de la Patrie!. Con paños y cuchillos lo probó; infructuosamente. Y, cuando la magnitud de la tragedia ya iba a ser real y el frasco irse a la basura, haciendo uso de su fuerza por enésima vez, consiguió abrirla y evitar que el drama fuese cierto. Por cierto, luego hizo la segunda cosa que mejor hacen los franceses: presumir escribiendo en el papel en el que está redactada la Norma Fundamental, también conocido como Putzplan, que "Eva hat das Nutella um 22.18 geöffnet mit ihrer eigenen Kraft" (Eva ha abierto la Nutella a las 22.18 con su propia fuerza). Pura represión.

Fotos: El tarro de nutella comparado con otro relativamente normal foto superior. En la segunda foto, inferior, el putzplan con la frase en cuestión. Por cierto, para el que sepa alemán, sí, el geöffnet está colocado donde le vino en gana. Otra hipótesis es que luego quisiera añadir el "mit ihrer eigenen Kraft" a su mayor gloria, algo nada descartable.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Corresponsales


Mi periódico es EL PAÍS y, tras varios años leyéndolo, puede decirse que lo conozco bien. Me he acostumbrado a su formato y me gusta. Si sigues el orden natural de las cosas, tal y como Dios (aka Polanco) lo ha concebido, y pasas de la portada a la página dos, te encuentras con la sección Internacional. O porque está bien escrita, o porque quienes se dedican a ella tratan asuntos interesantes, suele ser frente a la que más tiempo paso.

Ser asiduo de la sección Intenacional supone que acabas leyendo a los corresponsales. Unas personas concretas con las que puedes establecer una cierta empatía pese a no conocerlas físicamente. Abres el periódico y sabes que es probable que Ángeles Espinosa escriba algo desde Teherán, que Walter Oppenheimer te cuente lo aburrido que es Gordon Brown y el desafecto que causa entre los británicos o que Mauricio Vicent te diga cómo trampean los cubanos alguna prohibición estatal. Te narran lo que pasa en su zona y puedes llegar a identificarte tanto con él que cuando fallece, como pasó con José Comas (era corresponsal de EL PAÍS en Berlín), sientes pena y tristeza.

De entre todos los corresponsales que ha tenido EL PAÍS, ha habido uno que ha hecho que todos los días comprobase de arriba a abajo si aparecía publicada alguna noticia o artículo que él hubiese redactado. Su nombre es Enric González. De acuerdo que fuese el encargado de Italia, un país surrealista, pero su cobertura de hechos coyunturales que iban sucediendo allí (elecciones, luchas internas de la izquierda, economía) sobresalía. Lo que escribía desprendía una ironía enorme. No tenía piedad con las dificultades de Berlusconi para reconocer su derrota electoral de 2006.

Es evidente que la prensa deportiva española no deja de ser sensacionalismo. Enric González, seguidor del Inter, escribía una columna cada lunes sobre el Calcio (liga italiana) que contrastaba con lo publicado en ese género. Leerla era tan imprescindible que, años después, alguna editorial lo publicó en forma de libro. Se burló de lo putrefacto del sistema italiano y de la corrupción existente; Luciano Moggi, director general de la Juventus, está encarcelado por hacer trampas. Narraba la vinculación política de algunos clubes y la mala suerte y el fracaso de otros como el Torino, cuya estrella de los años sesenta, Gigi Meroni, fue mortalmente atropellado en su momento de máximo esplendor por quien unas décadas después llegaría a ser presidente de ese equipo. En realidad, aquellas columnas no tenían nada que ver con el fútbol. Simplemente eran una muestra más de lo que es Italia.



Si cuando dejas una corresponsalía te ofrecen una columna diaria de lunes a viernes, más otra los domingos, es porque has hecho tu trabajo razonablemente bien. Y eso es lo que le ofrecieron y aceptó. Por eso, hemos estado disfrutando estos últimos dos años de escritos de menos de trescientas palabras en las que se burlaba de Zapatero (no sabe adónde va) y del PP (Rajoy también ha sido vapuleado). También contaba momentos de su vida periodística como su sorpresa cuando, en medio del caos y la anarquía de las matanzas del Congo de 1994, le había suplicado a un negro que le dejase utilizar un teléfono para enviar su crónica a Barcelona y éste le había respondido (al oir la palabra "Barcelona"): ¡Visca Catalunya Lliure i socialista!". Al parecer, un misionero se lo había enseñado.

Pese a que gente como Saramago ha alabado las columnas de Enric, no todo ha sido un camino de rosas. El 30 de abril de este año le hicieron lo más patético que le pueden hacer a un periodista; censurarle. Sí, EL PAÍS, mi periódico, también censura. Y eso es algo repugnante. No debió hacer mucha gracia su afirmación, en la columna que tenía que ser publicada ese día, de que: "cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños". Lo vieron como un ataque a los propietarios del diario, que se dedican a eso. Esa columna no vio la luz. No obstante, no ha sido el primero ni el último que se ha visto afectado por ello: Fernando Savater incomodaba cuando la tregua con ETA, y algún artículo suyo no fue publicado.

Enric González publicó ayer su última columna. Desde enero vuelve a ser corresponsal, ésta vez desde Jerulasén. Sabe mucho de religiones y, en especial, de la hebraica. Habrá que volver a mirar detenidamente el periódico de cada día. Aunque sea sólo para saber si ese día se publica algo escrito por él.

Nota Marginal: Ya que has leído el texto, lee los artículos linkeados. Merecen la pena.
Fotos: Portadas de dos libros de él. La primera, Historias del Calcio, ya mencionada arriba. Con respecto a la segunda, Historias de Londres, fue corresponsal durante un tiempo allí. Además de en Nueva York, París, Washington y Roma. Pese a que hay fotos de él circulando por Google, siempre ha manifestado su rechazo a la popularidad y se ha planteado si hay una necesidad real de conocer la cara del periodista.

martes, 24 de noviembre de 2009

El cacharro inútil providencial

El día que llegamos a Cork, mientras inspeccionábamos todos los rincones del apartamento por primera vez, tuvimos que calmar nuestra ansiosa exploración en la cocina para contemplar el siguiente artefacto.

Qué porte, qué diseño. La quintaesencia del modernismo.

Perplejos nos quedamos, como en la película Los dioses deben de estar locos, cuando un miembro de los bosquimanos o !Kung san, una tribu cazadora-recolectora de África, se encuentra una botella de Coca Cola (atentos a mi descubrimiento: cómo enlazar un video de Youtube desde un punto en concreto). Como es evidente, no tienen ni repajolera idea de qué puede ser semejante objeto, y deducen lo más lógico: lo han enviado los dioses. A partir de ahí, la comedia. Las risas. El JA-JA-JA.

Realmente no acabo de saber cómo llamarlo: calienta agua, hervidero de agua, jarra modernuqui aerodinámica, elemento decorativo W... o kettle, según me chiva mi compañero de blog. Como habrán deducido los lectores, siempre a la última en lo que a electrodomésticos se refiere, sirve para calentar cierta cantidad de agua hasta el punto de ebullición (este modelo: 1,7 litros). Resultaba como mínimo irónico que en aquel momento no tuviéramos ni sábanas, ni el frigorífico en marcha, ni enchufe libre para el microondas, ni agua caliente en la ducha, ni radiadores que funcionasen, ni comida, ni la esperanza de sobrevivir hasta el día siguiente... y sin embargo hubiera un puto cacharro que hiciera hervir el agua.

Sin embargo, más de dos meses después, aquel odioso cacharro, tan marginado en la encimera, se ha tornado providencial. Su existencia ha merecido la pena. Debido a las famosas inundaciones, teníamos poco agua, y mucho menos caliente, así que calentándola con el invento este y transportándola en botellas de 7Up al baño pudimos ducharnos de una manera más o menos digna. En realidad, lo importante no fue la calidad de la ducha, sino que ya nos sentimos preparados para sobrevivir incluso en las condiciones más extremas, hasta con los bosquimanos. Siempre que tengamos una kettle de estas, claro, ahora convertida en reina de la cocina.