sábado, 26 de diciembre de 2009

Caspa radioactiva


El miércoles, tras varios meses fuera de casa por los respectivos erasmus, David y yo nos reencontramos y nos dedicamos a hablar de la religiosidad polaca, de la universidad, de viajes que no realizaremos nunca pero que nos gusta planificar, de un cheque cultural que da el gobierno de Patxi López o de cómo fracasamos en los idiomas. Vinimos a cumplir lo que son las Navidades cuando estás fuera; volver a estar con gente que hace un cierto tiempo que no ves.

En ese grupo de gente podemos incluir a la familia, esa parte más cercana a cada uno, que es capaz de llamarte un viernes a las 00 al móvil de Alemania porque el que escribe estas líneas lleva sin dar señales de vida una semana y les interesa saber si, al menos, aún sigues con vida. Además de cariño, comprensión y comunicación, la familia también es capaz de proporcionarte otras cosas que, de no ser por ellos, serían inalcanzables. No hablo sólo de la educación o de la posibilidad de comer pescado tras verme durante tres meses prácticamente privado de ello. Me refiero también al acceso a determinadas perversiones que mi estimada abuela me permite, como leer la más fascinante revista del panorama nacional: el ¡Hola!.

Cabe preguntarse cómo una persona octogenaria como mi abuela, que ha sobrevivido a una guerra civil y una postguerra y cree firmemente en Dios, pueda desarrollar una confianza tan grande en la prensa rosa. También cabe preguntarse cómo yo, que ni he sobrevivido ni creo en nada, puedo sentir una atracción tan grande por el ¡Hola!. Puede ser el mundo casposo, pseudoelitista y superficial que muestra lo que me hace Navidad tras Navidad (cuando aparece bajo el brazo de mi abuela) hojearlo de forma obsesiva. Puede también que sea la forma en que está escrito, con un lenguaje meloso y falso. No es descartable que lo que me enganche sea la frivolidad que desprende. En cualquier caso, me plantearía seriamente si me doy asco, si no fuera porque hay gente que ve series como Física o Química o escucha El canto del loco con absoluta devoción.



Como eje principal de la publicación está nuestra querida Familia Real. Todo gira entorno a Letizia. Princesa cercana al pueblo y sensible cuando corresponde. En otras ocasiones, sólo para alabar su forma de vestir y hacer de ello algo principal, adornado con adjetivos como "moderno" o "veraniego". Por supuesto, cuando habla de ella, no se dice que pueda tener problemas de peso (¿anorexia?), cosa que la prensa europea trata con normalidad al mencionarla o que mis compañeras de piso (Francesa&Alemana) me preguntaron en una ocasión.

Obviamente, que los royals jueguen un papel importante, no deja de lado a otros famosos. Son estupendas las entrevistas en las que alguien se sincera, al estar todas guiadas por el mismo principio: cuanto mayor sea el dinero que el entrevistado recibe, mayor será su sinceridad. Que la relación entre verdad y dinero es directamente proporcional, es algo que aprendes con el ¡Hola!. Por si quedaba poco claro su papel formativo, hay que mencionar también su importante rol a la hora de permitir conocer ciertas celebraciones elitistas y con contenido altamente machista como las puestas de largo. Sirven para presentar a la sociedad (sic) a una chica (de familia bien, claro) y mostrar que ella ya está en edad casadera. La fulana en cuestión posa con varios vestidos y se le hacen preguntas no excesivamente elevadas tipo: ¿Tienes novio?¿Qué piensas ser en el futuro?

El ¡Hola! era hasta el momento completamente en color salvo un par de hojas. Eran las páginas de sociedad y en ellas aparecía lo más tradicional y putrefacto de la sociedad española. Señoras sexagenarias (mujeres de) que montaban un mercadillo benéfico, bodas de empresarios, presentaciones de nuevos comercios, bautizos de familias poderosas. Todas esas noticias sociales tenían un punto común: se trataba de personas que pagaban por aparecer demostrando opulencia y poderío, lo cual, junto al blanco y negro de la sección, venía a dar una plena sensación de que efectivamente estábamos ante lo más rancio del país. Representaba un quiero-y-no-puedo. Por eso, a poco alto que fuese el nivel de hijoputismo del lector, encontraba aquello como la mejor parte de la revista y se regodeaba en la mediocridad de los que salían allí. Todo eso fue hasta hace poco, que decidieron, al fin, colorearlo dando de esta forma un cierto toque de modernidad y legitimidad a toda la caspa que se exhibía. Craso error, los que leemos y disfrutamos la revista por pura perversión no nos merecemos algo así.

Fotos: La primera corresponde al escritor del que David se compró un libro con el cheque de Patxi y que ha escrito los relatos que estoy leyendo ahora. We love Anagrama. La segunda imagen corresponde a un número especial que el ¡Hola! dedicó a los gorilas.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Historias de la Hahnenstrasse: La magnitud de la tragedia


Las experiencias infantiles condicionan, hasta un punto superior al que cualquiera imaginaría, la posterior existencia y desarrollo del individuo. Echando la vista atrás, mi Señora Madre, por razones que desconozco, siempre me privó de esa crema llamada Nutella. Especulando, podríamos decir que fue porque me conocía bien y sabía que, de comprarla, duraría poco. Tuve así que limitarme a sólo poder comerla en los cumpleaños a los que era invitado. Allí, untada en pan de sandwich, el objeto de mi deseo se plasmaba en algo real, tangible y comestible.

La emancipación del erasmus no significó para mí poner lavadoras o preparar comida y cena día sí, día también. El verdadero elemento rupturista vino con una de las primeras visitas al supermercado, en la que, infringiendo la que hasta ese momento había sido doctrina materna (nutella NO), sucumbí a los cantos de sirena del frasco marrón y lo incluí en la cesta de la compra. Toda una actitud de rebeldía a 2.000 km de mi casa, como se puede comprobar. Lo poco que duró el tarro, expliquémoslo por la represión sufrida en la infancia, vino a dar la razón a mi madre sobre la poca conveniencia de caer en ello. Conclusión, no ha vuelto a aparecer en las estanterías de mi casa alemana.

Dejando de lado mis problemas con la Nutella, mis compañeras de piso (Francesa&Alemana) han conseguido hacer de ella el verdadero orgullo de la casa. ¿Cómo? Fácil, tienen un bote de 5kg de la preciada crema. Si usted estaba orgulloso del suyo de 750g, admita su derrota. Cada persona que llega a la Hahnenstrasse 19 se queda maravillada ante el frasco. Y todos formulan una serie de Frequently Asked Questions (FAQ) tipo: ¿Hay de verdad algo en su interior?¿Es verdad que caduca en marzo de 2010 y que se la tienen que comer antes de esa fecha?,¿De dónde lo sacaron?



El bote de Nutella de los cinco kgs, motivo de orgullo como ya he dicho, estuvo cerca de convertirse en un motivo de vergüenza y burla: Su tapa se quedó encasquillada y no se podía abrir cuando todavía quedaba más de la mitad de su contenido en su interior. Un precioso tarro de plástico inútil. La alemana, propietaria, se portó conforme a lo que los cánones de su nacionalidad dictan. Es decir, no se inmutó. Igual que se vayan a la basura más de 2,5kgs de la crema en cuestión.

La francesa, copropietaria, nos pidió ayuda al ruso y a mí, que rápidamente demostramos nuestra debilidad e incapacidad para desatascar la tapa. Fue entonces cuando hizo lo mejor saber hacer los franceses: protestar. No se resignó, e intentó una y otra vez desencasquillarla ¡Allons enfants de la Patrie!. Con paños y cuchillos lo probó; infructuosamente. Y, cuando la magnitud de la tragedia ya iba a ser real y el frasco irse a la basura, haciendo uso de su fuerza por enésima vez, consiguió abrirla y evitar que el drama fuese cierto. Por cierto, luego hizo la segunda cosa que mejor hacen los franceses: presumir escribiendo en el papel en el que está redactada la Norma Fundamental, también conocido como Putzplan, que "Eva hat das Nutella um 22.18 geöffnet mit ihrer eigenen Kraft" (Eva ha abierto la Nutella a las 22.18 con su propia fuerza). Pura represión.

Fotos: El tarro de nutella comparado con otro relativamente normal foto superior. En la segunda foto, inferior, el putzplan con la frase en cuestión. Por cierto, para el que sepa alemán, sí, el geöffnet está colocado donde le vino en gana. Otra hipótesis es que luego quisiera añadir el "mit ihrer eigenen Kraft" a su mayor gloria, algo nada descartable.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Corresponsales


Mi periódico es EL PAÍS y, tras varios años leyéndolo, puede decirse que lo conozco bien. Me he acostumbrado a su formato y me gusta. Si sigues el orden natural de las cosas, tal y como Dios (aka Polanco) lo ha concebido, y pasas de la portada a la página dos, te encuentras con la sección Internacional. O porque está bien escrita, o porque quienes se dedican a ella tratan asuntos interesantes, suele ser frente a la que más tiempo paso.

Ser asiduo de la sección Intenacional supone que acabas leyendo a los corresponsales. Unas personas concretas con las que puedes establecer una cierta empatía pese a no conocerlas físicamente. Abres el periódico y sabes que es probable que Ángeles Espinosa escriba algo desde Teherán, que Walter Oppenheimer te cuente lo aburrido que es Gordon Brown y el desafecto que causa entre los británicos o que Mauricio Vicent te diga cómo trampean los cubanos alguna prohibición estatal. Te narran lo que pasa en su zona y puedes llegar a identificarte tanto con él que cuando fallece, como pasó con José Comas (era corresponsal de EL PAÍS en Berlín), sientes pena y tristeza.

De entre todos los corresponsales que ha tenido EL PAÍS, ha habido uno que ha hecho que todos los días comprobase de arriba a abajo si aparecía publicada alguna noticia o artículo que él hubiese redactado. Su nombre es Enric González. De acuerdo que fuese el encargado de Italia, un país surrealista, pero su cobertura de hechos coyunturales que iban sucediendo allí (elecciones, luchas internas de la izquierda, economía) sobresalía. Lo que escribía desprendía una ironía enorme. No tenía piedad con las dificultades de Berlusconi para reconocer su derrota electoral de 2006.

Es evidente que la prensa deportiva española no deja de ser sensacionalismo. Enric González, seguidor del Inter, escribía una columna cada lunes sobre el Calcio (liga italiana) que contrastaba con lo publicado en ese género. Leerla era tan imprescindible que, años después, alguna editorial lo publicó en forma de libro. Se burló de lo putrefacto del sistema italiano y de la corrupción existente; Luciano Moggi, director general de la Juventus, está encarcelado por hacer trampas. Narraba la vinculación política de algunos clubes y la mala suerte y el fracaso de otros como el Torino, cuya estrella de los años sesenta, Gigi Meroni, fue mortalmente atropellado en su momento de máximo esplendor por quien unas décadas después llegaría a ser presidente de ese equipo. En realidad, aquellas columnas no tenían nada que ver con el fútbol. Simplemente eran una muestra más de lo que es Italia.



Si cuando dejas una corresponsalía te ofrecen una columna diaria de lunes a viernes, más otra los domingos, es porque has hecho tu trabajo razonablemente bien. Y eso es lo que le ofrecieron y aceptó. Por eso, hemos estado disfrutando estos últimos dos años de escritos de menos de trescientas palabras en las que se burlaba de Zapatero (no sabe adónde va) y del PP (Rajoy también ha sido vapuleado). También contaba momentos de su vida periodística como su sorpresa cuando, en medio del caos y la anarquía de las matanzas del Congo de 1994, le había suplicado a un negro que le dejase utilizar un teléfono para enviar su crónica a Barcelona y éste le había respondido (al oir la palabra "Barcelona"): ¡Visca Catalunya Lliure i socialista!". Al parecer, un misionero se lo había enseñado.

Pese a que gente como Saramago ha alabado las columnas de Enric, no todo ha sido un camino de rosas. El 30 de abril de este año le hicieron lo más patético que le pueden hacer a un periodista; censurarle. Sí, EL PAÍS, mi periódico, también censura. Y eso es algo repugnante. No debió hacer mucha gracia su afirmación, en la columna que tenía que ser publicada ese día, de que: "cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños". Lo vieron como un ataque a los propietarios del diario, que se dedican a eso. Esa columna no vio la luz. No obstante, no ha sido el primero ni el último que se ha visto afectado por ello: Fernando Savater incomodaba cuando la tregua con ETA, y algún artículo suyo no fue publicado.

Enric González publicó ayer su última columna. Desde enero vuelve a ser corresponsal, ésta vez desde Jerulasén. Sabe mucho de religiones y, en especial, de la hebraica. Habrá que volver a mirar detenidamente el periódico de cada día. Aunque sea sólo para saber si ese día se publica algo escrito por él.

Nota Marginal: Ya que has leído el texto, lee los artículos linkeados. Merecen la pena.
Fotos: Portadas de dos libros de él. La primera, Historias del Calcio, ya mencionada arriba. Con respecto a la segunda, Historias de Londres, fue corresponsal durante un tiempo allí. Además de en Nueva York, París, Washington y Roma. Pese a que hay fotos de él circulando por Google, siempre ha manifestado su rechazo a la popularidad y se ha planteado si hay una necesidad real de conocer la cara del periodista.

martes, 24 de noviembre de 2009

El cacharro inútil providencial

El día que llegamos a Cork, mientras inspeccionábamos todos los rincones del apartamento por primera vez, tuvimos que calmar nuestra ansiosa exploración en la cocina para contemplar el siguiente artefacto.

Qué porte, qué diseño. La quintaesencia del modernismo.

Perplejos nos quedamos, como en la película Los dioses deben de estar locos, cuando un miembro de los bosquimanos o !Kung san, una tribu cazadora-recolectora de África, se encuentra una botella de Coca Cola (atentos a mi descubrimiento: cómo enlazar un video de Youtube desde un punto en concreto). Como es evidente, no tienen ni repajolera idea de qué puede ser semejante objeto, y deducen lo más lógico: lo han enviado los dioses. A partir de ahí, la comedia. Las risas. El JA-JA-JA.

Realmente no acabo de saber cómo llamarlo: calienta agua, hervidero de agua, jarra modernuqui aerodinámica, elemento decorativo W... o kettle, según me chiva mi compañero de blog. Como habrán deducido los lectores, siempre a la última en lo que a electrodomésticos se refiere, sirve para calentar cierta cantidad de agua hasta el punto de ebullición (este modelo: 1,7 litros). Resultaba como mínimo irónico que en aquel momento no tuviéramos ni sábanas, ni el frigorífico en marcha, ni enchufe libre para el microondas, ni agua caliente en la ducha, ni radiadores que funcionasen, ni comida, ni la esperanza de sobrevivir hasta el día siguiente... y sin embargo hubiera un puto cacharro que hiciera hervir el agua.

Sin embargo, más de dos meses después, aquel odioso cacharro, tan marginado en la encimera, se ha tornado providencial. Su existencia ha merecido la pena. Debido a las famosas inundaciones, teníamos poco agua, y mucho menos caliente, así que calentándola con el invento este y transportándola en botellas de 7Up al baño pudimos ducharnos de una manera más o menos digna. En realidad, lo importante no fue la calidad de la ducha, sino que ya nos sentimos preparados para sobrevivir incluso en las condiciones más extremas, hasta con los bosquimanos. Siempre que tengamos una kettle de estas, claro, ahora convertida en reina de la cocina.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Génesis, 7:10

En Irlanda empieza a ocurrir lo que en todo el hemisferio norte, si es que la tierra aún no se ha vuelto loca definitivamente: hay menos horas de luz, el día es más gris (más aún) y, sobre todo, llueve bastante más (muchísimo más aún). No he acudido a la ciencia, ni comprobado ningún dato oficial, pero estoy seguro de que la cantidad de agua que ha caído en Cork desde el pasado miércoles podría solucionar varias veces consecutivas todos los problemas hidrológicos del sur de España, incluído el de oír periódicamente estupideces sobre trasvases, insolidaridad y campos de golf. Además, el agradable viento huracanado hacía de los paraguas objetos más inservibles que un chicle para salir de la cárcel (excepto si eres McGyver), la calle estaba tan llena de cadáveres paragüiles que la Rihanna esa habría llorado (¡venganza!, nosotros ya sufrimos su canción). Ya no tengo dedos en las manos para contar las veces que he llegado soaked a clase o a casa (tengo que demostrar de alguna manera que mi inglés va improving, tronkos).

Dijo George Harrison que una vez, después de mil días típicos ingleses, grises y agrios, estaba paseando por su jardín el jardín de su colega Eric Clapton y comenzó a sentir los cálidos rayos del astro rey (qué guapo queda llamar al sol así). Entonces compuso la maravillosísima Here comes the sun: tierna, alegre, pegadiza, sencilla, directa y mil adjetivos más, y perteneciente a esa categoría de canciones que te transmiten al instante alegría y ganas de vivir. Y eso no es fácil, aunque lo parezca. El viernes amanecimos en Cork cantando esa canción. Llegó el sol. The sun came. Lamentablemente, no pudimos entonar el "it's all right" del final.

Cuando íbamos a la universidad por el camino junto al río Lee (muy aficionado a la literatura él) no supimos atar cabos: las aguas estaban demasiado agitadas y demasiada gente venía en dirección contraria a la nuestra. Como había jubilados quizá pensamos en una comida popular gratuíta o en unas obras con una buena puesta en escena, del gusto de la tercera edad, pero estábamos equivocados. Cerca del puente convertido en canción de Simon & Garfunkel había un muro derribado por un constante torrente de agua, así que no pudimos cruzar. Volvimos para tomar otra ruta más cercana al centro de la ciudad, pero, oh, sorpresa, cuando vimos que la calle que teníamos que utilizar estaba inundada. Entonces nos fuimos enterando de todas las noticias.

Cuando nosotros lo vimos, aún caían cantidades ingentes de agua por el ex-muro. Se barajan los nombres de Pepe Gotera y Otilio para arreglarlo. Lo del fondo es un hospital que también tuvo que ser desalojado.

Nos encontramos con el profesor que impartía la asignatura a la que íbamos y como no podíamos pasar (a no ser que tuviéramos una zodiac en el bolsillo), acordamos suspender la clase. No hacía falta tal acuerdo: las clases ya habían sido oficialmente suspendidas por la universidad. En principio eran sólo para ese día, pero ahora, tras conocer que ha sido la peor inundación de Cork en 30 años, también nos han dejado la siguiente semana sin clase, hasta el 30 de Noviembre. Todavía no he visto fotos de la universidad, y ni me he acercado, pero sabiendo que el río no es que pase cerca, sino que está en el mismo campus, no quiero ni imaginarme como habrá quedado nuestra querida UCC.

Esta es la entrada al Mardyke Arena, el gimnasio de la universidad. No entiendo qué necesidad había de que quedara así, si ya tenía piscina.

El centro de la ciudad se recuperó bastante rápido, cuando yo salí cámara en mano ya estaba más o menos en una situación normal (salvo la típica imagen de telediario, con comerciantes limpiando la tienda o sacando productos completamente empapados), pero las calles principales de Cork a las 8 de la mañana habían estado también bajo las aguas, con bomberos, policía e incluso fuerzas armadas a todo trapo (ah, nada mejor que una catástrofe natural para justificar la existencia de los ejércitos).

Ya en casa, estuve con la cara desencajada pulsando el F5 en la web del Cork City Council, donde colgaban actualizaciones periódicas. Hasta entonces todo esto nos había afectado de una manera indirecta: nuestra residencia seguía intacta, sólo perdíamos una semana de clase (estamos MUY apenados), teníamos calefacción... pero entonces llegaron las malas noticias. Al parecer, la megainundación esta había causado bastantes daños en la planta depuradora de Cork. También tiene cojones, parece un chiste. Se cortó casi todo el agua por miedo a que estuviera contaminada. Sólo quedaba la de reserva de cada casa. En principio era para cuatro días, y ya nos echamos las manos a la cabeza. Ahora los plumillas de la prensa dicen que vamos a estar nada más y nada menos que una semana sin agua. Lo único que se puede decir en ese caso es: WTF? Ahora parece que hay algo de agua (sólo fría), porque han conectado unas reservas especiales, y también han puesto puntos de abastecimiento de emergencia en diversos lugares de la ciudad. Ni que decir tiene que las compañías de agua embotellada están empezando a utilizar el oro como elemento decorativo de sus sedes, sus botellas volaron de los supermercados (como buen conspiranoico, no descarto que ellos provocaran la inundación) y algunos sólo podemos beber maldito 7Up. Y cerveza, claro.

Esto es Grand Parade, una de las calles principales de Cork. En un principio se pensó en importar gondólas desde Venecia. No cuajó en la tradicional sociedad irlandesa.

Pero si todo esto supone, sin duda, una incómoda situación, lo peor de todo el día, lo puto peor, es que algún listo, tonto, desgraciado, borracho o algo peor se llevó mi amada cazadora azul mientras celebrábamos el estado de emergencia en un bar. Pero que sepas una cosa, querido desconocido: si te veo por la calle con mi cazadora puesta te puede ocurrir algo terrible. Palabras clave: semi-vasco, cóctel molotov, kale borroka.

Las fotos las he sacado del álbum que tiene un tal David Hegarty sobre estas inundaciones. Aparte de servir para hacerte una idea de la magnitud de la riada, las imágenes son una maldita pasada, merece la pena darse una vuelta por su Flickr.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Wir sind das Volk!


Alemania hoy se ha levantado con resaca. Ayer hubo celebraciones por todo lo alto con motivo de la conmemoración de los 20 años de la caída del muro de Berlín, hecho considerado como el primer paso para la reunificación. Numerosos Jefes de Estado y estadistas (el libro de estilo de Cerveza Amarga no prohibe utilizar palabras vacías de contenido como ésta) se dieron cita en la capital y festejaron el magno acontecimiento. Hermoso discurso de Merkel, Barenboim dirigiendo un concierto, muchísimos ciudadanos, fuegos artificiales, portadas de periódicos, etc. A falta de un oportunista, llegaron dos. Por una parte, Sarkozy nos reveló en su perfil de Facebook que, tras recibir informaciones aquella mañana de 1989 sobre lo que se avecinaba, decidió plantarse frente a la puerta de Brandemburgo y tuvo la ocasión de presenciar el hecho histórico así como de escuchar a ciudadanos que se acercaban y le hablaban de "sus sentimientos, sus ambiciones nuevas y emociones tras décadas de separación de los dos países" (sic). Cosa harto improbable, porque el asunto tuvo bastante de espontáneo y, el hoy presidente francés, era por aquel entonces un mero alcalde. Por otra parte, el ultrasolidario Bono, ser tan coherente como para ir a África a reclamar fondos y, a la vez, decidir cambiar el domicilio fiscal de U2 de Irlanda a Holanda (para pagar menos impuestos), se sumó a la parafernalia.

Los alemanes están orgullosos de la reunificación y de ser un único Estado. Les encanta la idea de la comunidad/Volk. No es algo caprichoso que en las cervecerías los bancos sean corridos y estén pensados para que unos y otros coman y beban juntos. Tampoco es un casualidad que tengan un sistema de copropiedad distinto al del Derecho romano. El Derecho Germánico, cuando dos personas son propietarias de una cosa, no contempla que cada una tenga una cuota o proporción sobre el objeto en cuestión. Los dos responderán de forma común y, en el caso de querer venderla, se necesitará el consentimiento de la otra persona. Por otra parte, los eventos masivos son bastante celebrados (en pocas horas comienza el carnaval en Colonia y se espera que más de 250.000 personas se den cita en el centro de la ciudad). En definitiva, 40 años después de acabar la segunda guerra mundial, podemos hablar de una Nación en la que los de una parte y otra se pueden relacionar.

¿Todo maravilloso?¿La reunificación ha resuelto todo?¿Hay un completa sensación de comunidad/Volk? En absoluto. Cuando has estado 40 años separado (literalmente) de los de al lado y con dos sistemas distintos, las cosas no son tan fáciles como parecen. Más que una reunificación, no es descabellado decir que hubo una anexión de un Estado al otro. La RDA (comunista) se derrumbó y la RFA (bloque occidental) la absorbió. La Constitución es la de la RFA (modificada), y la forma del Estado también. La separación originó dos términos: Ossi (alemanes que vivían en la zona comunista) y Wessi (alemanes que vivían en la zona capitalista). La reunificación no ha conseguido acabar del todo con esa separación. Los primeros, en un ámbito privado, hablan de la familia y los niños. Los segundos, en el mismo ámbito, del trabajo. Los Ossis consideran a los Wessis prepotentes. Los Wessis a los Ossis sumisos.

Parte de los ciudadanos de la Alemania comunista (Ossis) no se sienten identificados con el nuevo Estado, y se ven más como algo anexionado que como otra cosa. Quizás ahora pueden decir lo que piensan, pero antes había trabajo. El problema del desempleo azota actualmente al este. Mano de obra cualificada del estado comunista se tuvo que ir a la calle al haber una reestructuración y el paso de un sistema de economía a otro. Muchos de los que encontraron un nuevo empleo fue en empresas que no tenían nada que ver con lo que ellos habían estudiado. Además, los salarios ahora son escasos y apenas dan para nada. Antes no eran mucho más grandes, pero sí suficientes. No habiendo tantos productos, eran felices. Así, hay una cierta añoranza por los tiempos pasados.



Todo esto quedó reflejado en Goodbye Lenin! Con ella, apareció un nuevo concepto: La Ostalgie. Nostalgia del Este, nostalgia de la Alemania comunista. La película era maravillosa y Yann Tiersen contribuía a ello. Suponía una corriente del cine europeo (otras películas como Amelie también se podrían enmarcar ahí) y el centro izquierda se ensimismó con ella. Había empleo, seguridad, educación y la gente no moría de hambre. Además, era más fácil sentirse identificado con aquella sociedad que con la actual, repleta de McDonalds. Y entonces apareció la pregunta: ¿Y si no se viviese tan mal bajo el comunismo?

La respuesta tardó cuatro años en surgir, pero vino también del cine europeo. En 2007 se estrenó La vida de los otros. Se desarrollaba en la Alemania comunista y mostraba una sociedad asfixiante, con una policía secreta (Stasi) con 100.000 personas que trabajan como agente y otros varios cientos de miles más que colaboran con ella. Todos pueden ser acusados de cualquier delito contra la seguridad del Estado y la arbitrariedad es absoluta. Por si quedaba alguna duda, ese mismo año otra película europea, la rumana cuatro meses, tres semanas y dos días, venía a mostrar cómo era practicar un aborto en ese país cuando aún se encontraba bajo la dictadura comunista. Un mundo sórdido, trámites estúpidos para reservar un hotel, edificios derrumbándose, miedo a ser delatado, riesgo para la salud de la embarazada al ser ilegal, miedo a contarlo ante la familia, desencanto absoluto.

Una vez respondida la pregunta, sólo cabe desear que, cuando se cumplan los 25/30 años de la caída del muro de Berlín, seres como Sarkozy o Bono no intenten copar el protagonismo. Mejor que lo celebren los ciudadanos sin oportunistas de por medio.

Nota Marginal: La añoranza por el tiempo anterior se representaba en Goodbye Lenin! con el bote de pepinillos. Debe ser cosa soviética y de procedencia rusa, porque ayer, haciendo limpieza del frigorífico y tirando cosas que no pertenecían a nadie de los allí presentes al haber sido abandonadas por anteriores inquilinos, apareció un frasco de cristal de Moskauer Gurken (pepinillos de Moscú).

miércoles, 28 de octubre de 2009

Tomates Verdes fritos


A los pocos días de llegar a Irlanda, David escribió una entrada en la que explicaba de forma detallada las distintas asociaciones que existían en su universidad de llegada. Tal y como él decía, diversos ámbitos como la farmacia, el ajedrez y el ateísmo (entre otros muchos contrapuestos) se daban cita en una sala enorme para darse publicidad y que nuevas personas entrasen a formar parte de ellas. Actividades absurdas a la par que divertidas como el día internacional de la blasfemia se convertían en algo común. Si comparamos a Colonia con Cork, los alemanes sufren una estrepitosa derrota, demostrando que, en ocasiones, pueden ser tan serios como aburridos. El 12 de octubre, primer día de universidad aquí, permitieron a cada agrupación montar su propio tenderete donde daban información y dulces (esto último más importante que lo anterior) sobre las actividades que organizaban y hacia dónde se enfocaban.

Asociaciones centradas en temas filosóficos (búsqueda de la felicidad), proyección de películas, formación para adolescentes susceptibles de abandonar la universidad, el grupo universitario de gays y lesbianas, etc. Todos con dulces y bolígrafos dispuestos a seducir al gran público. Si de caramelos se tratase, la agrupación de estudiantes islámicos se llevaba la palma al ofrecer unas chocolatinas con cierto sabor a coco. Tampoco estaba nada mal el puesto del equivalente germánico a las Nuevas Generaciones. Qué juventud: jóvenes, cristiano-demócratas y con unas galletitas deliciosas. A este paso, y de forma bastante probable, a los cuarenta años ya habrán conseguido su entrada al Reino de los Cielos. Me dieron chicles y, a cambio, varios panfletos en los que se informaba de próximas reuniones que celebrarían. En comparación con Cork, todo más aburrido y serio, con gran predominancia de otras asociaciones religiosas.

Con las manos llenas de caramelos y bolígrafos, y sin encontrar nada que me interesase lo más mínimo, volví a casa. Cuando me disponía a tirar ya todo a la basura, me dí cuenta de que, entre lo mucho que había cogido, estaba un panfleto de los Verdes. Tienen una asociación en la universidad y yo no me había enterado. Se reunían al día siguiente, como presentación de lo que iba a ser el semestre (aquí la cosa va por semestres que duran cuatro meses. ¿Lógica? Inmanuel Kant, explícamelo). No sé muy bien si fue mi interés en lo relativo a la protección del medio ambiente, si fue mi interés por el mencionado partido, si fue la humedad o qué exactamente, pero el 13 de octubre a las 19.30 estaba sentado en una habitación con otras 20 personas y dispuesto a formar parte de la asociación ecologista.

El que un estudiante erasmus (sólo-se-van-de-casa-para-emborracharse), español (el medio ambiente les es muy indiferente) y con un nivel del idioma bastante mediocre, estuviese rodeado de varios alemanes les creó cierta sorpresa. Pero que el mismo estudiante erasmus, español y con nivel del idioma mediocre volviese a la reunión de la semana siguiente fue ya algo con lo que ya no contaban. Están locos estos hispanos. Y, para resolver las inmensas preguntas que se hicieron, les dije que me interesaba la ecología.


¿Son todos los que van unos malditos perroflautas herderos de mayo del 68? Ninguno de ellos lo es. Hay estudiantes de todas las carreras y tantas mujeres como hombres. Y todos tienen pinta de escuchar a Franz Ferdinand contínuamente. Las reuniones de los verdes son relajadas, en ellas se bebe cerveza (las dos primeras veces me olvidé de comprarla, ayer ya acudí preparado con una bajo el brazo) y la gente lleva galletitas con chocolate y bombones. Pero, si algo les hace estar a la vanguardia, es el comprar bolsas de zanahorias del supermercado y comérselas crudas. ´También el que cada vez que llega alguien nuevo al grupo, hay que hacer una ronda de presentaciones de los componentes en el que también se dan informaciones de carácter tan confidencial como qué verdura es tu favorita.

El próximo 14 de diciembre hay elecciones al claustro escolar en la Universidad de Colonia. Y los Verdes se volverán a presentar. En la anterior ocasión consiguieron un resultado nada desdeñable duplicando su número de representantes. Esta vez acuden con un "proyecto estrella" bajo el brazo: Un panel solar para la Mensa (comedor universitario). Desgraciadamente, mi nivel de idioma no llega al punto de enterarme de todos los detalles de la propuesta fotovoltaica, pero ya se encuentran barajando qué soluciones adoptar para financiarlo. Están avalados por el éxito que tuvieron en las elecciones generales de septiembre, así como lo conseguido por los ecologistas franceses en las elecciones al parlamento europeo de junio, en las que consiguieron ser la tercera fuerza más votada, dejando en ridículo al Partido Socialista de allí (bueno, últimamente ridiculizar a la socialdemocracia no es muy difícil) y logrando un 16,2% de sufragios. Tiembla Sarkozy, tiembla Merkel.

Fotos: La primera mangada por ahí de internet. La segunda mía, chapa de cerveza que aquí se bebe mucho; la Kölsch. Aunque ayer me dí cuenta de que los Verdes no beben de esa marca. Beben Kölsch de otras como Gaffel. Escapa a mi conocimiento el motivo.