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lunes, 3 de agosto de 2009

Vacaciones


Desde Cerveza Amarga queremos agradecer públicamente a la Casa Real todas las iniciativas que lleva a cabo para hacer menos dura la crisis económica. Consideramos acertada su decisión de acortar las vacaciones de S.M. el Rey y de los Príncipes de Asturias en Mallorca, así como hacerlas "más austeras" (sic). Decisiones que, sin lugar a dudas, acercan a la Corona al pueblo y vuelven a mostrar su sensibilidad, tantas veces reiterada, con los que más sufren.

De igual manera, deseamos que esta política de "gasto moderado" no prive a los miembros de sus ya conocidas pasiones como las regatas de vela, la hípica o cazar osos borrachos. Pasiones que también acercan a la Corona al pueblo y a los que más sufren.

Nota Marginal: Estamos de vacaciones y eso hace que pensemos menos en este blog. Pero no hemos abandonado (no aún), nuestro firme compromiso de continuar escribiendo. Pese a que ya hay varios fans de Cerveza Amarga que se han declarado en huelga de hambre por la falta de entradas de David, él ha respondido que no piensa ceder a su chantaje. No se extrañen si acabamos contratando a un becario.

miércoles, 8 de julio de 2009

Buen rollito



Lo rechacé durante mucho tiempo, nunca tuvo mi simpatía. Sin embargo, al estar próximo el Erasmus he caído. Merde alors. Ahora, si ya era poco con un Tuenti, dos cuentas en Gmail, una en Hotmail, otra en Spotify, un brillante blog (modestia aparte) y mi perfil como administrador de la página de Democracia Nacional, me he refugiado en una droga más pura; he caído en el maldito Facebook. Tras hacer el necesario Máster para saber manejarlo (me niego a creer que haya 200 millones de usuarios de algo tan difícil), he descubierto que hay un universo por explorar. Tus personajes favoritos están allí y te puedes hacer amigo de ellos. De esta manera, mi idolatrado Enric González, Elvira Lindo y Stefan Zweig (pese a que lleva muerto desde 1942) han pasado a engrosar mi lista de contactos.

Afortunadamente, esto no es todo. Hay mucho más y en ello reside la RAZÓN (Who the Fuck cree que por un Erasmus me hago un Facebook?) por la que entraste ahí. Ser parte de miembros como "Anti-Tous", "Odio a Paulo Coelho" o "Creo que esa figurita de Lladró me está mirando con malos ojos...", no tiene precio. Dan ganas de gritar: "¡Abajo el buen rollito!".

martes, 30 de junio de 2009

Hospital

Mis tres familiares estaban allí. Quizás, al principio, un tanto cohibidos, pero lo cierto es que su visita vino a rescatarme de la soledad de aquella sucia habitación de hospital.

Papá me preguntó qué tal me encontraba, si me daban de comer bien y si la atención era la adecuada. Como yo tampoco fuí muy expresivo, decidió hablarme de cosas que a mí no me importaban demasiado, pero me ayudaban a salir del más puro hastiazgo. De esta forma, temas como su puesto de trabajo (trabajaba en una oficina), el mal estado de las carreteras o las contínuas derrotas de su equipo de fútbol, ocuparon una buena parte de nuestro tiempo. Al menos, así fue hasta que mamá le interrumpió bruscamente, cosa que yo le agradecí bastante. Lo hizo para entregarme unos regalos, algo no previsto: un libro y unos bombones. Resultó ser lo último de J.M. Le Clézio. Nunca sentí una gran afición por la novela francesa, pero cualquier cosa para distraerme era buena.

Mamá era más agradable, jamás la hubiera imaginado así. Me dijo, con gran dramatismo, que aquellos días habían sido muy duros; me había echado mucho de menos. Habló de sus amigas y de lo poco obediente que era mi hermana. Y ahí estuvo el momento de mayor tensión, algo que yo ya había previsto. Se enzarzó con papá en una discusión que no llevaba a ninguna parte sobre la educación que nos estaban dando. Pese a que, desde mi punto de vista, ninguno de los dos tenía demasiada razón, me era entretenido. Así que asistí a ello como el simple espectador que era, comiendo los bombones.

Como la cosa no iba a ninguna parte y llevaban un buen rato así, hablé con mi hermana. Ella lo hacía realmente bien. No se preocupaba demasiado por las discusiones. Fue bastante sincera diciendo que quería salir de allí cuanto antes, que la atmósfera de los hospitales nunca le había gustado. Me dí cuenta de que no teníamos demasiados temas en común, quizás por encontrarse en una etapa quinceañera.

Y en esas, advertí de que ya había pasado la hora. Antes de volver a sumirme en la soledad de mi habitación, les dí un fuerte aplauso. Me había gustado la experiencia. Aquellos actores eran realmente unos profesionales.